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Lo + nuevo

LOURDES PEREZ ONLINE

Cambia una emoción negativa por una constructiva en 5 pasos

Lourdes Perez

El estrés y las prisas han tomado tal control sobre nuestras vidas que llegamos a considerar que es nuestro estado natural. Nos enfadamos cuando alguien nos dice que nos ve estresadas y que deberíamos descansar. Nos aburrimos y nos sentimos perezosas cuando paramos a descansar si hay cosas que podrían estar ocupando nuestro tiempo.

Las obligaciones personales o laborales en muchos casos son autoimpuestas y les hemos permitido que tomen el control de nuestros horarios y de nuestros estados de ánimo.

Si te digo que puedes ser igual de productiva estando relajada y en absoluto bienestar quizás me digas que no es tu caso. Vale, recuerda que tus creencias construyen tu realidad pero el agobio no nos deja verlo.

Hoy te traigo cinco pasos que puedes seguir para aprender a escucharte, entender por qué proceso emocional estás pasando y cómo cambiarlo (sí, a veces es práctico y muy positivo dejar de estar enfadada) para seguir con tu vida de un modo constructivo y tranquilo.

como cambiar emociones negativas

 

1. Monitoriza

Sé consciente de qué situaciones en las que te encuentras te producen qué estados de ánimo.

Aquí puedes tener en cuenta tanto las circunstancias en las que te ves envuelta sin previo aviso como las situaciones en las que te has metido tú solita.

¿Cuándo te sientes fuerte, tranquila y confiada, y bajo qué circunstancias? También ¿cuando estás sin fuerzas, frustrada, enfadada, nerviosa, o incluso amenazada?

Familiarízate con el contexto de estos momentos y los pensamientos internos que los impulsan. Intenta cambiar el contexto la próxima vez, pero recuerda que ocurra lo que ocurra la única responsable de tus pensamientos eres tú.

En la web encontrarás un par de cursos de meditación que te ayudarán con la capacidad de mantenerte atenta, también puedes unirte al grupo de facebook La Libertad está en la Mente.

 

2. Para

Cuando te sientes mal para un momento. Respira lentamente y observa ¿qué es lo que estás sintiendo realmente? ¿Es ansiedad, apatía, enfado, prisa, agobio?

Siempre te animaré a que abraces todas tus emociones pero a nivel práctico las emociones sólo son reacciones a pensamientos y creencias. En medio del trabajo o de una conversación quizás si es interesante no dejarnos llevar por ellas, al final ¿quién está en control?

Sé capaz de cambiar tu estado de ánimo por una cuestión práctica. Recuerda que tanto los pensamientos como las emociones son impermanentes, darles más poder del que tienen solo redundará en que te sientas peor o te enredes en argumentaciones que en este momento te están despistando del trabajo o de lo que tu interlocutor te está intentando decir.

Ponte de pié, respira, acepta y suelta. Pide un minuto si es que estás hablando con alguien y haz lo mismo. Retoma con fuerza, nada es permanente y nuestros juicios son subjetivos.

Esta pequeña acción coge ese estado emocional del centro de la amígdala (la encargada de gestionar, entre otras cosas, los recuerdos y las respuestas agresivas) y la mueve al lóbulo frontal que controla las habilidades cognitivas importantes y la resolución de problemas.

En definitiva, te saca del momentazo drama queen para volverte resolutiva y práctica.

 

3. Identifica

Cuando has conseguido desapegarte de la emoción y has cambiado la naturaleza de tu pensamiento de emocional a uno más lógico, estás lista para trabajar o conversar entendiendo tu estado de ánimo como algo impermanente, subjetivo y que se puede transformar.

Puedes ponerle una etiqueta, por ejemplo, “enfado” o “frustración”. Imagínate que estás sacando la emoción de tu sistema para ponerla sobre la mesa y observarla. No la niegues ni reniegues de ella, simplemente colócala ahí. Sé curiosa y empática, así podrás ver su creencia o carencia raíz.

De nuevo, para que este trabajo te resulte más sencillo (y créeme que es más sencillo de lo que parece) te invito a que visites las opciones de cursos de meditación o te unas al grupo de facebook.

 

4. Cambia

Una vez conectada a la fuente de tu estado de ánimo estás en condiciones de elegir si seguir así o soltar. Al principio te resultará difícil pero esfuérzate un poco, al final la química del cuerpo seguirá el nuevo pensamiento y la transformación comenzará a ocurrir.

¿Qué es más importante: estar tranquila o acabar la tarea?

Quizás ambas cosas, aunque mejor primero una que la otra ¿no? A veces pensamos que estaremos tranquilas cuando terminemos la tarea. Le damos más importancia y poder a lo de fuera de manera que seguimos alimentando la necesidad de controlar los factores externos. En cambio, si lo haces todo desde la tranquilidad, las tareas se terminan sin que hayan tomado control sobre ti.

¿Qué es más importante: estar en comunión o tener razón?

A menudo creemos que es necesario que se nos escuche, que se nos entienda y que se nos dé lo que necesitamos. Como siempre, buscar fuera lo que nos falta dentro es una rueda viciosa en la que nunca ganaremos. Conversar desde la escucha y la entrega siempre va a resultar en una comunicación más amorosa y efectiva.

 

5. Fluye

Nuestros estados de ánimo pueden ser influenciados por la fatiga, la dieta o la falta de ejercicio. Ten en cuenta esto y actúa en consecuencia.

Lo que pasa es que en general estos estados negativos representan nuestra lucha mental con una persona, situación o evento. Resolver este conflicto interior con una actitud curiosa, elimina los obstáculos y nos liberamos, una vez más, para fluir en nuestro estado natural de bienestar y empoderamiento.

...

Cómo siempre te animo a que no te quedes solo con la idea, a que lo "biensonante" de lo que te cuento no substituya el que te arremangues y te pongas manos a la obra.

¿Qué me dices?

Cómo conseguir que te ayuden y te apoyen

Lourdes Perez

A veces pienso que el trabajo y el esfuerzo hablan por sí solos, que no es necesario pedir con las palabras algo que es tan obvio como que te ayuden en casa, que los niños hagan lo que se les pide o que los compis de curro tengan las cosas a tiempo.

Nos gusta esforzarnos para que todo vaya sobre ruedas, nos hace sentir bien darlo todo en el trabajo, en casa, con los amigos... ¿por qué narices sentimos a veces que no se agradece? ¿por qué el resto de la familia o colegas de curro no hacen lo mismo?

 

como conseguir que te ayuden

Si hay una cuestión que se repite entre las que estáis al otro lado es el malestar emocional que se genera cuando los demás no reconocen vuestro trabajo, esfuerzo, valía y no se ve correspondido con el mismo nivel de entrega.

Del mismo modo en varias ocasiones me comentáis que es alucinante como vuestros hijos, pareja o compañeros de trabajo no se dan cuenta de ciertas tareas o expectativas evidentes y acaban por hacer algo totalmente contrario a lo que esperáis, necesitáis o encontráis obvio.

La frustración y el enfado, así como la apatía no se hacen esperar... 

Hace cosa de un mes abrí un segundo perfil en instagram dedicado exclusivamente a apoyar a las emprendedoras  a no volverse locatis haciendo malabarismos entre la vida laboral y la personal. De todos modos, si no perteneces a este grupo de población lo más probable es que te sirvan los consejos que comparto en él.

Es cierto que estamos todas muy ocupadas. En realidad nos encanta tener siempre las manos metidas en algo, tanto las que trabajamos en nuestra propia empresa, como las que trabajáis por cuenta ajena. También las que estáis estudiando o las que sois amas de casa, mamá a tiempo completo o en una situación de impás.

Nos encanta ser útiles, nos da gustillo llenarnos la agenda por aquello de sentir que hacemos algo por el mundo, por la familia, por los amigos, por la empresa...

El problema llega cuando por agotamiento el coco y el cuerpo están en reserva y (con todo el derecho del mundo) esperamos un poco de apoyo moral y logístico que no siempre llega.

¿Te has planteado si disfrazas de responsabilidad lo que en realidad es necesidad de control y de apreciación? No por nada, yo lo hacía y aún lo hago a veces.

como pedir ayuda en casa

 

En esta cuenta de instagram que te comento publiqué hace unos días una reflexión de Alexandra Lebenthal (CEO de la empresa que fundó su familia hace ya varias décadas) que reza así:

"A las mujeres a menudo nos resulta difícil pedir cosas, simplemente esperamos que los demás reconozcan nuestro valor y el trabajo duro. Pedir lo que queremos, de manera amable y reflexiva, a menudo resulta en conseguir lo que quieres, así que pon tus temores a un lado y pide lo que quieres"

¿Cuántas veces te has tragado algo en el trabajo que considerabas injusto, no has hecho nada al respecto y aún así te sigues quejando?

¿Cuántas veces después de un no has insistido o buscado alianzas?

¿Te has planteado la cantidad de ocasiones que has perdido para crecer por esperar que salga del jefe el que te dé un ascenso o un proyecto?

En ocasiones creemos que no debemos pedir las cosas, que si no se nos dan es, una de dos, o porque no lo ven o porque no lo merecemos... no son más que asunciones. Con lo fácil que es preguntar o pedir. 

A la necesidad de control y reconocimiento se le ven las orejas de baja autoestima o inseguridad.

Cuando planteas una pregunta el entorno laboral las respuestas suelen ser bastante directas, o recibes un sí o recibes un no; como mucho recibes un “ya veremos”.

En el hogar y con los amigos la cosa se complica un poco más porque las jerarquías son subjetivas y las áreas de trabajo no están claras y acabamos por tomar control de todo y ejercemos eso que yo llamo el “a mi manera es la manera”.

¿Cuántas veces le has pedido a tu pareja o a tus hijos que hagan algo por la casa (que no por ti) y has terminado haciéndolo tú porque tardaban demasiado o no lo hacían “bien”?

¿En cuántas ocasiones permites que otras personas tomen la iniciativa en cuanto a cómo, cuándo y cuánto es necesario realizar una labor del hogar?

¿Sabes la cantidad de oportunidades que has negado la posibilidad a alguien de experimentar y expresarse porque su manera no era tu manera?

En el trabajo esperamos que se nos aprecie simplemente por el trabajo bien hecho o por la valía, que se nos ascienda, se nos suba el sueldo pero... ¿cuántas veces lo pedimos?

Cuando generamos expectativas que no se cumplen pero no hacemos nada práctico para cumplirlas podemos caer en la amargura y la necesidad de control.

Adoptamos como propias y únicas las maneras de hacer ciertas cosas, tanto en casa como en el trabajo e incluso entre amigos. Asumimos que nuestro modo es el correcto y no dejamos ni que las otras personas se sientan bien cuando “ayudan” o no nos parece suficiente lo que nos dan.

Como dice la señora Lebenthal hay que saber pedir las cosas para que ocurran, hoy también me gustaría reflexionar en lo que viene después de pedir y es aceptar el cómo se nos entrega lo solicitado.

 

conciliación laboral

¿Qué nivel de control ejerces sobre tu hogar y tus reuniones sociales? ¿cuántas veces esperas que salga de los demás hacer algo que te interesa sin que se lo hayas pedido? ¿por qué lo esperas? ¿cuántas veces les permites que lo hagan a su manera y a su ritmo?

Personalmente soy ferviente defensora de llevar la casa como quien lleva una empresa, pero nuestras parejas, vecinos e hijos no son nuestros empleados, son nuestros colegas. Debemos confiar en que, al igual que para ti, su objetivo es vivir tranquilos y felices en un lugar bonito y con las condiciones de salubridad básicas.

Nuestra obsesión por mantenernos ocupadas (me repito) a menudo responde a una necesidad de control, a una carencia de auto-amor, a una entrega sacrificada con espera constante de aplauso y retribución.

¿Qué esperas de los demás y por qué lo esperas? ¿Pides lo que necesitas y permites que se te entregue en términos que no son los tuyos?

Recuerda: tu manera es simplemente tu manera, no “la manera”. El enfado y la frustración que conlleva querer ejercer control sobre las personas a tu alrededor te aleja del amor y la paz que es, en última instancia, lo que dices buscar en el trabajo y en el hogar.

La conciliación empieza en nuestra mente, no en el horario ni en las tareas ¿tú qué opinas?

 

Quizás me digas: “sí Lou, pero hay cosas que hay que hacer y nadie me ayuda”, a lo que yo te pregunto:

• ¿Está estipulado o acordado que esas tareas son tuyas? - Hazlas tú.

• ¿No llegas a todo y te sientes abrumada con tantas obligaciones? - Pide ayuda.

• ¿Debería ser un trabajo de equipo y te lo estás comiendo tú solita? - Programa reunión de grupo y permite que hablen y se hagan las cosas en equipo, no bajo tu batuta.

• ¿Crees que nadie sabe hacer las cosas bien? - Reevalúa lo que significa bien y llega a acuerdos.

• ¿Nadie te hace caso nunca? - Pregúntales por qué, el mundo no gira alrededor de tus necesidades.

• ¿Llegaste a unos acuerdos que no se están cumpliendo? - De nuevo, conversación y responsabilidad, quizás deban reestructurarse las responsabilidades.

y en el trabajo...

• ¿Crees que haces más de lo que hacen tus compañeros? - Concentrate en lo que tú haces y no permitas que tu mente se distraiga con comparaciones, enfados y envidias.

• ¿Consideras que se aprovechan de ti? - Pon sobre la mesa tus responsabilidades y pide ayuda en las tareas extra.

• ¿Quieres un ascenso o una subida de sueldo? - Pídelo con un razonamiento empresarial y los beneficios que obtendrá la empresa si eso ocurre.

Prueba y me cuentas: no permitas que tu necesidad de control y el miedo a que todo se convierta en un caos sea lo que mueva cada uno de tus movimientos. Para, respira, vuelve a los básicos, reúne al equipo y sigue desde ahí, quizás, en otra dirección.

16 Directrices para una vida feliz

Lourdes Perez

Si alguna vez has querido encontrar un manual para ser feliz, quizás este pueda ser el índice y luego cada una intenta llevarlo a buen puerto de la mejor manera posible.

manual de la felicidad

Hace cosa de un año encontré las 16 Directrices.

Estas directrices son un compendio de acciones y motivaciones desde las que se busca tener una vida significativa basada en la entrega, la comunión, la compasión y la comprensión de los eventos naturales, mentales y sociales desde la perspectiva budista.

Ya sabes que siempre intento motivarte a que vivas desde la entrega, la aceptación, la compasión y la ética.

Las 16 Directrices para una vida feliz están inspiradas en una colección de consejos que fueron elaborados para promover la paz y el bienestar en el Tíbet del siglo VII y han sido redactadas y enseñadas desde hace varios años a través de la Fundación por el desarrollo de la compasión y la sabiduria (FDCW – Foundation for Developing Compassion and Wisdom) que es una rama secular de la fundación por la preservación de la tradición Mahayana.
 

"Considero que la ética consiste menos en reglas que se deben obedecer que en principios de auto-regulación interna para promover aquellos aspectos de nuestra naturaleza que reconocemos como conducentes a nuestro propio bienestar y el de los demás". -El Dalai Lama, Patrocinador de FDCW.

 

Estas directrices son un conjunto de preceptos éticos que engloban los temas que parecen dividir al mundo moderno. Son directrices que sin duda resuenan en personas de todas las edades, culturas y paradigmas, y son la clave para nuestra propia felicidad, la de nuestras familias y nuestras comunidades.

Basándose en la premisa por todos conocida de que la felicidad no se encuentra en la riqueza material, la reputación y el estatus, ni siquiera el confort y la buena salud, sin duda nos facilita el cómo navegar situaciones tan mundanas como las confrontaciones familiares, las relaciones laborales y la interacción social.


Desde hace un tiempo he estado recopilando mi experiencia al respecto y he creado un cuaderno donde puedes conocerlas todas. Además he añadido ejercicios prácticos que a mí me ayudaron en su momento, puedes descargarte el cuaderno gratuitamente pinchando AQUI
 


En todo momento tenemos la opción de decidir cómo reaccionar y cómo entender la vida, al margen de lo que nos hayan inculcado desde pequeños.

 

Es necesaria la observación y el juicio crítico, es imprescindible la honestidad y el desapego, pero es posible dejar de creer que lo que siempre fue, será, que lo que nos han enseñado es la verdad, que lo que nosotros creemos justo es como el mundo debería funcionar.
 

En alguna ocasión me habrás oído decir que el cerebro siempre busca nexos de unión entre lo que ve y lo que cree para poder fortalecer las ideas que ya tiene. Si estas guías te suenan a utopía, si crees que hay excepciones donde no puedan utilizarse quizás es momento de replantearte tus creencias y confiar en que el amor, la paciencia, la compasión y la entrega pueden practicarse en cualquier momento.

 

Pero ¿cuáles son estas directrices? Como te comento las estoy desarrollando en los artículos privados y cada una de ellas se compone de cuatro actitudes, los pilares básicos son:
 

• Cómo pensamos

• Cómo actuamos

• Cómo nos relacionamos con los demás

• Cómo encontramos significado en la vida

 

Estos 4 temas de conocimiento (estudio y práctica) actúan como base para explorar las 16 directrices que van desde la humildad hasta el coraje. Las directrices son universalmente familiares y a la vez cualidades profundas que nos llevan al corazón de lo que significa ser un ser humano cariñoso y satisfecho.

Considerar que este es un modo “nuevo” de hacer las cosas sería absurdo. La verdad es que infinidad de comunidades y personas en todo el mundo se basan en estas premisas. Quizás en el mundo occidental donde el miedo y la culpa están a la orden del día, dar el salto hacia la confianza y creer que la entrega es más poderosa que la protección puede dar pánico.

Te animo a que las tengas presentes y experimentes en tus propias carnes el beneficio que trae la vulnerabilidad, la paciencia y la honestidad.

¿Quieres conocerlas con más profundidad? Únete a la comunidad privada en este link.


 


 

 

Retoma el control de tu vida: dale la vuelta desde YA.

Slow Lou

¿Cómo retomar el control de nuestras vidas cuando todo va tan rápido y hay tantas cosas que hacer?

¿Cómo soltar obligaciones laborales o familiares sin sentir ese miedo a fallar, perder, defraudar...?

¿Cómo tener la fuerza y perseverancia necesarias para tomar acción y mantener los cambios?

controla tu vida

 

Parece que la vida nos pasa y nosotras nos dedicamos a amoldarnos de la mejor manera posible. Sentimos que necesitamos parar y cuando por fin lo conseguimos, para lo único que tenemos fuerzas es para descansar y atacar lo que tenemos atrasado.

Nos sentimos bien por un momento, estamos “al día” de las obligaciones y por fin hemos podido salir un rato, pasar tiempo con la familia, con los amigos y disfrutar unas risas sin mirar el reloj.

 

Ahora vuelta a la rutina y otra vez más de lo mismo.

 

¿Sientes que la vida “te pasa” y que tienes poco control para implementar cambios significativos?

 

Queremos tenerlo todo bajo control: el trabajo, la casa, el tiempo, las vacaciones, las horas de sueño, las comidas y si puede ser un poco de ejercicio y diez minutillos para meditar por las mañanas.

 

Pero la vida pasa, las obligaciones están ahí, dependemos de otras personas, dependemos de las circunstancias y dependemos de nuestra capacidad de resolución y foco para poder sentir que todo va más o menos bien.

 

Sentimos que no controlamos nuestra vida, que por cada éxito hay varias luchas, que por cada cambio hay sacrificios y que tras cada deseo se esconde la frustración. A veces más, a veces menos, pero la vida no siempre parece ponernos las cosas fáciles. 

Además cuando conseguimos subyugar a los nuestros a nuestro antojo (oye, con muy buenas intenciones a veces ¿eh?) y manipular las circunstancias en nuestro beneficio podemos llegar a sentir que lo tenemos todo bajo control, pero en realidad no hacemos más que afianzar la idea de que fuera está la solución a nuestros problemas generando miedo, agresividad y alimentando el chantaje emocional.

 

La necesidad de tomar el control de nuestras vidas aparece cuando el miedo a no conseguir lo que deseamos se hace presente. Miedo a no ganar suficiente dinero, miedo a no llegar bien preparada a esa reunión o examen, miedo a no tener tiempo para nosotras, miedo a que nos tachen de egoístas, miedo a enfermar...

El apego a lo que consideramos beneficioso nos lleva a querer controlar el ambiente y, sí, ¿por qué no decirlo? querer controlar también a las personas (a veces con mayor o menor éxito) alimentando así la idea de que, para que nosotras estemos bien, todo tiene que estar bien ahí fuera.

Las expectativas que ponemos sobre los demás y sobre lo que deberíamos conseguir siguen alimentando el miedo a no conseguirlo, así, como de manera escondidilla sin que nos demos cuenta. Pero actuamos desde ahí, desde el miedo y la necesidad de control de lo externo.

 

Obvio que si esperamos que sea lo de fuera lo que cuadre con lo que queremos, tendremos una lista de culpables (ya sean personas o circunstancias) a los que señalar cuando nuestras expectativas no se vean cumplidas.

 

  • Ejemplo obvio: estoy enfadada porque tú estás haciendo las cosas de un modo que a mí me molesta.
  • Ejemplo sutil: estoy agobiada porque tengo mucho trabajo.

 

El miedo genera esa famosa actitud de lucha o vuelo que dispara los niveles de estrés, que a la vez suben el cortisol, bajan las defensas y nos sentimos aún más débiles, de cuerpo y de mente. No importa si hemos decidido (o reaccionado) atacar/defendernos o salir por patas que la prisa aprieta.

 

La prisa, esa que nos nubla la mente por aquello de la multi-tarea, la visión túnel y el “yo contra el mundo y si no ayudas al menos no molestes” (seguro que te suena).

 

¿Cómo percibimos la realidad?

 

El mundo ahí fuera, separado de nosotros, se mueve de cierta manera. A veces a favor de nuestras expectativas y apaciguando la prisa y el miedo, y a veces en contra haciendo que el enfado, la frustración y las ganas de darle la vuelta a la tortilla se acaben, en el peor de los casos, convirtiendo en ataques de ansiedad, cabreo, egoísmo o incluso depresión.

 

Pero mira, es que la realidad es otra, la vida no está ni en tu favor ni en tu contra: la vida es. Sí, ya sé que parece muy real, pero te prometo, palabrita, que la realidad es otra.

 

Las cosas y eventos que experimentamos no son permanentes, no son exactamente como creemos que son y ni mucho menos van ni a favor ni en contra (me repito, lo sé, es a posta).

 

Voy a decir algo que he dicho antes, que sé que pica y que sé que aunque resuene contigo quizás no muevas un dedo; eso ya es sólo decisión tuya:

La que va a favor o en contra no es la vida, eres tú.

 

En el momento que observamos por experiencia propia (no porque lo ponga en un libro o porque yo te lo diga o porque suene bien), lo voy a repetir: en el momento que observamos por experiencia propia la cantidad de significado añadido que le ponemos a lo que vemos, nos damos cuenta de cómo cada vez que interactuamos con el entorno en realidad interactuamos con el juicio que hacemos sobre el entorno.

 

  • Ejemplo obvio: en tu día libre quieres salir a pasear por el parque pero llueve, vaya mierda todo.

En este ejemplo supeditamos nuestra capacidad de pasear por el parque a la lluvia, por extensión el día es una mierda y como te quedes en esa actitud, un día de descanso en el que podrías haber hecho mil cosas molonas se convierte en la vida contra ti y tú frustrada cuanto menos.

  • Ejemplo sutil: no puedes tener la casa bajo control porque no te ayudan y además enredan.

En este ejemplo que vivimos muchas de las que compartimos piso con nuestra pareja o familia, ponemos la necesidad de control del entorno por encima de la aceptación del comportamiento aprendido de otros (alimentando a su vez agresividad y resentimiento)

 

Volvamos a las expectativas y el miedo. Volvamos a cómo queremos controlar el entorno para que esté a nuestro favor. ¿Te das cuenta de lo absurdo del esfuerzo? ¿Te das cuenta dónde nacen tus expectativas?

 

Alguien dijo una vez “espera lo mejor, prepárate para lo peor”. Quizás lo dijo en otro contexto y con otra intención pero hoy quiero usar esta frase porque ayuda.

 

Tener expectativas es humano: esperas sobrevivir a tus hijos, esperas que el techo no se desplome sobre tu cabeza, esperas que te paguen a fin de mes, esperas que no te atropelle un coche, esperas poder dormir bien, esperas no pillar una enfermedad terminal, esperas poder tomarte un café en tu pausa, esperas que las vacaciones sirvan para retomar fuerzas, esperas que tu pareja no te engañe, esperas terminar ese proyecto, esperas que no se te escape el perro, esperas que tu vecino no ponga la música a tope entre semana, esperas que en el mercado tengan naranjas, esperas... creo que ya ha quedado claro.

 

Pero todas esas cosas pueden no suceder. Y esa es la verdad del asunto. Como diría mi ex el madrileño “y punto pelota”. Y si esta afirmación te asusta y crees que lo mejor que puedes hacer es obviar esta realidad para ser feliz seguirás viviendo engañada y dudo yo que vivir en una mentira te permita controlar nada ni dentro ni fuera ¿me sigues?

 

Entonces ¿qué podemos hacer para retomar el control de nuestras vidas si todo puede irse a la mierda en mayor o menor escala en cualquier momento?

 

Primero supongo que lo suyo sería como he dicho antes, observar cómo funcionamos en nuestra mente: como vivimos a razón de nuestras expectativas y nuestros miedos, como nos pasamos el día juzgando las cosas según nos gusten o no, nos vayan bien o no. Ese es el primer paso.

 

Vivimos filtrados por juicios constantes. Eso hace que no veamos la realidad por lo que es: un movimiento continuo que no va ni a tu favor ni en tu contra y que no podemos amoldar a nuestro antojo.

 

Eso nos lleva al siguiente paso: aceptación.

La aceptación de que la realidad es impermanente, carente de significado real (lo que signifique aquello que experienciamos lo decidimos nosotros desde los juicios). Que lo que vemos no es lo que es.

 

¿Sabes que no son tus ojos los que ven, no? Tus retinas recogen luz y tu cerebro descifra. ¿Sabes que no es tú oído el que oye, no? Tus tímpanos recogen vibraciones y tu cerebro descifra. ¿Sabes que no eres tú la que toca, verdad? De hecho los electrones externos de los átomos de tu piel y el objeto en cuestión se repelen, lo que ocurre es que se pasan información de presión y temperatura que tu cerebro descifra.

 

Entonces ese sería el tema, vivimos en nuestro cerebro. Si el cerebro se dedicase sólo a poner datos objetivos en orden sería la repera pero gracias a la memoria todo lo mezcla con recuerdos, creencias, expectativas, miedos... volvemos a lo mismo.

 

Una vez comprendido el funcionamiento real del cerebro, de nuestra mente, y de cómo lo que sentimos tiene poco que ver con lo que hay realmente ahí fuera ¿no te parece súper absurdo intentar controlar fuera algo que en realidad sólo está en tu mente?

 

Ahora viene la buena noticia: puedes controlar, domar y reeducar tu mente. Ahí reside tu poder, ahí tienes el control.

 

Para tomar control primero hay que aceptar que no sabemos nada. Que todo lo que creemos saber de la realidad que nos rodea, todo lo que creemos saber de nuestro entorno, de nuestros amigos, de nuestro cuerpo y de nuestra pareja es una fabricación mental. A veces más acertada, otras menos, pero no es del todo fidedigna: es simplemente una interpretación basada en lo que almacenamos en los archivos de nuestro coco.

 

Da un paso atrás, la duda es tu amiga, te lo prometo. Cuando dudamos no asumimos, cuando dejamos de asumir desaparecen muchas creencias, lo que desmonta los miedos y a la vez te desapega de las expectativas.

 

De manera casi automática aparece la paciencia. Al estar en un estado expectante en el que eres tú la que se amolda a las circunstancias y no esperas que sea al revés_ activando el estado lucha o vuelo (con su estrés, su prisa, su bajada de defensas y demás)_ cualquier cosa que ocurra es aceptada porque ya no sentimos que va en nuestra contra.

 

La paciencia no es esperar mucho hasta que algo pase como queremos que pase, la paciencia es el desarrollo de la tolerancia a los momentos que juzgamos como adversos. Al dejar de juzgar, aparece esa tolerancia de un modo muy fluido, te lo prometo.

 

Entonces, ese sería el tema en cuestión hoy. La toma de control de nuestra vida es más fácil de lo que parece. Si antes parecía difícil era porque queríamos controlar el entorno ¡y eso es imposible!

  • Cambiamos la percepción de la realidad por la comprensión del funcionamiento de nuestra mente.
  • Desaparece la prisa para dar lugar a la paciencia.
  • Los miedos y los apegos se vuelven absurdos porque ahora aceptamos que no sabemos lo que creemos saber, y obviamente no podemos basar nuestra vida en eso ¿a que no?

 

Ya te oigo, “Pero Lourdes ¿entonces no hago nada? ¿tengo que vivir en resignación absoluta? ¿dejar de lado mis objetivos, mis luchas?¿aceptar que se me trate mal?”

 

¡Nop!

 

La mejor de las noticias es que una vez has hecho el cambio de paradigma ocurren cosas maravillosas:

La comprensión del funcionamiento de la mente te permite ver las cadenas de pensamientos que alimentas cuando no miras tu mente, cómo aparecen las emociones, y vemos con claridad todos los significados que le añadimos a cualquier cosa con la que interactuemos: eso nos libera de mucho sufrimiento y vivimos más felices.

 

El desarrollo de la paciencia nos ayuda a tomar distancia con lo que juzgamos como adverso permitiéndonos ser perseverantes en nuestros objetivos que dejan de estar basados en el miedo, ya que ahora están reforzados por la claridad mental: eso nos da mucha serenidad.

 

La aceptación de la vida con sus más y sus menos refuerza la confianza en ti misma porque ahora ya sabes lo que está en tu mano y lo que no volviéndote una mujer mucho más responsable de tus actos, dejan de doler los cambios de dirección, dejas de echar culpas a fuera. Nos volvemos mucho más creativas y resilentes, vemos oportunidades donde antes veíamos problemas.

 

Puedes si quieres tomar el control de tu vida, pero te animo a que mires hacia dentro porque al final tu experiencia de vida ocurre en tu mente y tú eres tu mayor activo.


Hoy cerramos las inscripciones al curso anual de meditacion M53, un año en el que puedes hacer esta transformación, yo la hice (a veces me caigo pero me levanto sin miedo y nunca abandono), un curso que te enseñará no sólo a comprender el funcionamiento de la mente y ver la realidad con otros ojos, si no también un curso en el que convertirte en una persona mucho más fuerte, más segura de ti misma, sin miedo y en control. 

Tienes toda la info AQUI

Cómo tener más energía al terminar el día

Slow Lou

Si eres de las que desearía terminar el día sin estar agotada física y mentalmente estoy segura de que el artículo de hoy puede ayudarte a conseguir un cuerpo y una mente fuertes para sentirte satisfecha contigo misma al final de TU JORNADA.

 

como tener mas energia al terminar el dia

Mucho se habla de la hora dorada:  la primera hora de la mañana en la que sientas la dirección energética y mental que va a tener tu día. En varios artículos para SlowLou y para otras plataformas os he contado algunas rutinas mañaneras (la mía propia y las recomendadas por otras).

Después de doce horas de estudios, trabajo, recados, gimnasio y ordenador terminamos agotadas y no es de extrañar. Da igual lo maravillosa que haya sido la mañana, el cuerpo y la mente se agotan y si no tienes la posibilidad de echarte una siestecita de 20 minutos después de comer probablemente llegues a casa con ganas de tirarte en el sofá y poco más.

Claro, pero quizás toque hacer la cena, recoger la ropa, pasear al perro... vamos, que cada día nos olvidamos de que las tareas no se terminan al llegar a casa.

Una mente clara y generosa, una motivación y un ”para qué” potente son fuertes pilares para mantenernos activas, aún así el cuerpo se resiente, el coco se agota y no hay ganas de nada si el día ha sido especialmente intenso.

El bajón energético nos afecta en lo físico y en lo emocional, así que obvio decir que estas ideas que te traigo hoy redundan en un beneficio para las personas con las que compartes tus días y, si eres como yo, te importa poder darles lo mejor de ti y que no se conviertan en la parte residual de tu vida.

Hoy quiero recomendarte tres herramientas que te ayudarán a que no te dé el bajón energético al terminar la jornada.

 

1.- Ejercicio:

Busca un momento durante el día para hacer ejercicio dinámico. Sal a correr, coge la bici estática o pégate una clase de aeróbic. Los ejercicios isométricos van de fábula porque activan los fuegos del cuerpo y cuando estamos cansados lo mejor es echarle leña al asunto aunque no tengamos ni benditas las ganas.

Puedes hacerlo por la mañana o al salir del trabajo. Una buena sesión de 20 minutos de esfuerzo estático o media hora de ejercicio dinámico, tú eliges lo que te guste más, pero eleva esas endorfinas y el ritmo cardíaco.

La idea es que esto sea una rutina habitual, si lo haces de uvas a peras y no estás acostumbrada al principio quizás te de un palo horroroso y encuentres más excusas que motivos para hacerlo.

Yo dejo la recomendación ahí, te prometo que ayuda un montón, ahora la decisión sólo la puedes tomar tú.

hacer ejercicio por la tarde

 

2.- Escucha tus emociones:

Las emociones negativas y el agotamiento mental crean un círculo vicioso. En realidad puede llegar un momento en el que no sabes si fue primero la gallina o el huevo. Si las emociones negativas son las que te agotan o si sientes emociones negativas porque estás agotada (añádase aquí dolores físicos derivados del estrés).

Si te sientes agobiada, enfadada, ansiosa, perdida, estresada, paralizada... si comienzas a encerrarte en ti misma, a refugiarte en el trabajo, a desconectar de tus personas queridas, si desarrollas emociones de enfado, exigencia (y auto-exigencia), frustración, culpas (para dentro y para fuera)... ESCUCHA.

Vamos con el pito en el culo, con perdón, y no nos permitimos experimentar estos sentimientos no tan populares. Creemos que sentirnos mal nos aleja de nuestros objetivos y es cierto, pero pegarles una patada, esconderlos bajo la alfombra y seguir como si no hubiese que lidiar con ellos es contraproducente y aunque lo sabemos, lo seguimos haciendo.

Escuchar no significa entregarnos a ellos: significa permitir sentirlos. Entender que vienen de pensamientos que ya ni oímos pero que siguen repiqueteando en el subconsciente. Observar para entender y ver su inconsistencia, dejar de señalar hacia fuera y darnos espacio para no ser perfectas, para estar de bajón y desde ahí comprender cómo hemos llegado a ese estado y salir sin drama.

Mucho más productivo a nivel físico y emocional que simplemente descartarlos para poder ”tirar pa'lante” ¿no te parece?

¿Cómo lo hago? Medita. Date quince minutos de respiración consciente por la mañana, otros quince por la tarde. Si quieres puedes, todo es organizarse y el silencio mental es igual o más importante a la larga que terminar tal proyecto o estar al día en todas las actividades que hemos acumulado en la agenda.

alimentacion para tener mas energia

 

3.- Elige tus alimentos

Hay alimentos que precisan de una digestión muy lenta y nos dan energía de reserva a largo plazo. Son absolutamente necesarios pero si abusamos de ellos y no hacemos ejercicio acabamos por acumular mucho peso (físico y energético) en el cuerpo.

Creo que no necesito decirte que te quites todas las harinas y los azúcares refinados. Come alimentos frescos, sobretodo evita los lácteos de vaca y oveja (la leche de cabra es una buena opción si no quieres pasarte directamente a las vegetales) y las frutas ácidas.

Los alimentos recomendados cuando tenemos la energía por los suelos son, entre otros, manzanas, albaricoques, granadas, peras, melocotones y caquis también espárragos, remolacha, berenjena, ajo, las verduras de hojas verdes, repollo, lechuga y champiñones.

 

Estas son mis recomendaciones para tener más energía después de la jornada, igual de importante es una buena rutina de mañanas y otra de noches.

Como extras te recomendaría que dejases de enredarte en el ordenador por sistema, que no tengas apps de redes sociales en el móvil, que evites estímulos mentales de los innecesarios y que a cada dos horas de trabajo te levantes de la silla si estás sentada (o te sientes si estás de pié: escápate al baño si hace falta) y refresques tus músculos y tu cerebro.

Quizás lo que te cuento hoy te parece mucho y te parece imposible. Bueno, ¿qué tal si eliges una cosa? Y dentro de un mes añades una segunda y así sucesivamente. El todo o nada (que nos encanta) a menudo no funciona.

Quiérete ¿vale?

terminar bien el dia

 

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