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LOURDES PEREZ ONLINE

El agotamiento mental y su espiral destructiva

Slow Lou

agotamiento mental
No hace mucho me pasaba los días cansada, derrotada diría yo. Hasta los días ”libres” tenía que arrastrarme para salir a la calle a que me diese el aire. Por suerte he salido de ese ciclo aunque tuve que enfrentarme a una depresión que no sé hasta que punto empezó a gestarse antes de que el agotamiento se apoderase de mí.

A veces cuesta ver cómo se desarrollan los estados emocionales, a menudo estamos tan ocupados haciendo las cosas que hay que hacer y manteniéndonos al día con obligaciones que nos olvidamos de escuchar la cantinela mental que, a la larga, se convierte en una verdad que acabará siendo representada de forma física en nuestro cuerpo.

Con la distancia puedo ver los pensamientos que se agolpaban en mi cabeza y la verdad es que no eran muy positivos. De esos pensamientos ”no muy positivos” se comenzaron a gestar las emociones negativas: frustración, enfado, autoexigencia, prisa, insatisfacción, duda... el estrés era una constante tal que ni me daba cuenta de que estaba estresada, era mi estado normal.

Los dolores físicos los achacaba a mi profesión, había un montón de motivos para que me doliesen la espalda, los pies, la cabeza... y en ese estado de frustración, autoexigencia, dolor y estrés dejé muy poco lugar para el amor, la paciencia, la recuperación y el tiempo libre.

Meditaba muy de vez en cuando, pero el estado de apatía mental se confundía con esa supuesta experiencia del vacío y lo de separar los pensamientos de las emociones que los provocan parecía fácil: no sentía nada porque estaba entrando en depresión, pero no me daba cuenta o no quise verlo (no tenía tiempo para estar deprimida!)

La suerte, el karma, las circunstancias o la evolución natural de los acontecimientos hizo que una lesión de espalda me mantuviese en cama durante dos semanas. Cuando parecía que la espalda se recuperaba me agarraba una tendinitis en el femoral, la escuela que acababa de abrir seguía demandando de mi presencia constante (o quizás mi necesidad de control) el momentum era imparable y no veía otra opción que tirar para delante.

No tardaron en aparecer las discusiones con mi asistente, el descontento con los profesores, las noches en vela y las peleas con mi pareja. Los ataques de ansiedad eran cada vez más intensos.

Acción-reacción en una espiral descendente que veía de lejos y muy borrosa, pero que no podía parar.

Esto me sucedió hace ya dos años, durante unos meses en los que ”no tenía tiempo” para meditar y ponía por delante de mi bienestar emocional la necesidad de demostrarme algo que aun a día de hoy no sé ni qué era.

Paré, cogí la baja, abandoné la escuela a la suerte de mi asistente y profesores. Me sentí culpable, sí, pero también liberada. Mi ego era el que me hacía sentirme culpable, como si la escuela sin mí se fuese a derrumbar o los alumnos sin mí no pudiesen aprender.

No he vuelto a trabajar a ese nivel desde entonces, (de hecho a parte del blog sólo trabajo extras en el restaurante de un amigo) decidí que mi bienestar emocional, físico y una interacción social positiva eran más importantes que cualquier ilusión de éxito.

Hoy aún a veces me siento cansada, no te voy a engañar, algunos días me despierto por la mañana cansada, pero ahora (por experiencia supongo) me doy cuenta de si mi mente es la que me está agotando y en la mayoría de los casos puedo contestar con un rotundo sí.

Meditar.


Meditar es mi respuesta, no poner los pies en alto ni irme a oler las flores del parque, desconectar de un trabajo que te agota mentalmente no es la solución a la larga. Reconectar, escuchar, corregir, esa es la respuesta que no supe encontrar entonces y que ahora puedo afirmar con convicción que es lo que me mantiene fuerte.

Ojalá hubiese podido hacerlo cuando estaba a tope pero mi mente estaba en otro sitio, en otro momento, esperando con ansia el día libre (que nunca era libre). Diciéndome que las mañanas eran para mi chico pero nos las pasábamos sentados en el sofá viendo una peli o con mi cabeza en las clases mientras paseábamos por el parque.

Para.


Para de verdad, no cambies simplemente de actividad mientras tu coco sigue a mil. Escucha tu cuerpo, él te dice muchas cosas, reconoce la motivación detrás de las discusiones y date cuenta, por favor, que tu bienestar físico, mental y emocional son más importantes que estar a la altura de las expectativas de otros o tuyas.

Reconecta.


No te des al ocio por desconectar porque sólo afianzas la idea de que trabajar es mal y descansar es bien, encuentra el término medio porque la separación sólo trae conflicto.

El ocio es para crecer, para recargar pilas, para conectar con otras personas, para reconectar contigo mismo, no para apegarte a los placeres que parecen no existir en los periodos de actividad.

Relentiza TODO lo que hagas, en realidad no hay más prisa que la que tú te impones y si es verdad que hay muchas cosas que hacer en un día: sintetiza, organiza y pide ayuda.

Puedo afirmar que hoy los momentos de estrés se reconocen a la primera y tengo las herramientas para contrarrestarlo, por experiencia personal y lo que veo en otros me doy cuenta de que separar el trabajo del ocio está bien por una cuestión logística pero que tu equilibrio de concentración y escucha debería mantenerse aún cuando hay prisa o presión.

No quiero que llegues a los estados de ansiedad e insatisfacción a los que he llegado yo. No quiero que pases por ese estado en el que crees que todo está bajo control mientras hay un ”run-run” dentro tuyo que te dice que algo falla, que quizás mañana, que a ver si por aquí o por allá: Para.

Hace una semana os envié a los subscriptores una encuesta para saber más sobre vosotros, muchos acompañasteis las respuestas con algún comentario explicándome cositas más personales. Me hace muy feliz saber que os estoy ayudando de una manera significativa.

Sabes que puedes escribirme cuando quieras, que estoy aquí para ayudarte en lo que bien pueda.

Me alegra ver como mi vivencia no ha servido sólo para retomar las riendas de mi vida y mi tiempo si no también para inspirar a otras personas, si quieres que te ayude en tu camino ponte en contacto conmigo ahora que he vuelto a abrir las plazas para las mentorías personalizadas o reserva tu lugar en la siguiente edición del curso Meditación 53.