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LOURDES PEREZ ONLINE

Cómo conseguir que te ayuden y te apoyen

Lourdes Perez

A veces pienso que el trabajo y el esfuerzo hablan por sí solos, que no es necesario pedir con las palabras algo que es tan obvio como que te ayuden en casa, que los niños hagan lo que se les pide o que los compis de curro tengan las cosas a tiempo.

Nos gusta esforzarnos para que todo vaya sobre ruedas, nos hace sentir bien darlo todo en el trabajo, en casa, con los amigos... ¿por qué narices sentimos a veces que no se agradece? ¿por qué el resto de la familia o colegas de curro no hacen lo mismo?

 

como conseguir que te ayuden

Si hay una cuestión que se repite entre las que estáis al otro lado es el malestar emocional que se genera cuando los demás no reconocen vuestro trabajo, esfuerzo, valía y no se ve correspondido con el mismo nivel de entrega.

Del mismo modo en varias ocasiones me comentáis que es alucinante como vuestros hijos, pareja o compañeros de trabajo no se dan cuenta de ciertas tareas o expectativas evidentes y acaban por hacer algo totalmente contrario a lo que esperáis, necesitáis o encontráis obvio.

La frustración y el enfado, así como la apatía no se hacen esperar... 

Hace cosa de un mes abrí un segundo perfil en instagram dedicado exclusivamente a apoyar a las emprendedoras  a no volverse locatis haciendo malabarismos entre la vida laboral y la personal. De todos modos, si no perteneces a este grupo de población lo más probable es que te sirvan los consejos que comparto en él.

Es cierto que estamos todas muy ocupadas. En realidad nos encanta tener siempre las manos metidas en algo, tanto las que trabajamos en nuestra propia empresa, como las que trabajáis por cuenta ajena. También las que estáis estudiando o las que sois amas de casa, mamá a tiempo completo o en una situación de impás.

Nos encanta ser útiles, nos da gustillo llenarnos la agenda por aquello de sentir que hacemos algo por el mundo, por la familia, por los amigos, por la empresa...

El problema llega cuando por agotamiento el coco y el cuerpo están en reserva y (con todo el derecho del mundo) esperamos un poco de apoyo moral y logístico que no siempre llega.

¿Te has planteado si disfrazas de responsabilidad lo que en realidad es necesidad de control y de apreciación? No por nada, yo lo hacía y aún lo hago a veces.

como pedir ayuda en casa

 

En esta cuenta de instagram que te comento publiqué hace unos días una reflexión de Alexandra Lebenthal (CEO de la empresa que fundó su familia hace ya varias décadas) que reza así:

"A las mujeres a menudo nos resulta difícil pedir cosas, simplemente esperamos que los demás reconozcan nuestro valor y el trabajo duro. Pedir lo que queremos, de manera amable y reflexiva, a menudo resulta en conseguir lo que quieres, así que pon tus temores a un lado y pide lo que quieres"

¿Cuántas veces te has tragado algo en el trabajo que considerabas injusto, no has hecho nada al respecto y aún así te sigues quejando?

¿Cuántas veces después de un no has insistido o buscado alianzas?

¿Te has planteado la cantidad de ocasiones que has perdido para crecer por esperar que salga del jefe el que te dé un ascenso o un proyecto?

En ocasiones creemos que no debemos pedir las cosas, que si no se nos dan es, una de dos, o porque no lo ven o porque no lo merecemos... no son más que asunciones. Con lo fácil que es preguntar o pedir. 

A la necesidad de control y reconocimiento se le ven las orejas de baja autoestima o inseguridad.

Cuando planteas una pregunta el entorno laboral las respuestas suelen ser bastante directas, o recibes un sí o recibes un no; como mucho recibes un “ya veremos”.

En el hogar y con los amigos la cosa se complica un poco más porque las jerarquías son subjetivas y las áreas de trabajo no están claras y acabamos por tomar control de todo y ejercemos eso que yo llamo el “a mi manera es la manera”.

¿Cuántas veces le has pedido a tu pareja o a tus hijos que hagan algo por la casa (que no por ti) y has terminado haciéndolo tú porque tardaban demasiado o no lo hacían “bien”?

¿En cuántas ocasiones permites que otras personas tomen la iniciativa en cuanto a cómo, cuándo y cuánto es necesario realizar una labor del hogar?

¿Sabes la cantidad de oportunidades que has negado la posibilidad a alguien de experimentar y expresarse porque su manera no era tu manera?

En el trabajo esperamos que se nos aprecie simplemente por el trabajo bien hecho o por la valía, que se nos ascienda, se nos suba el sueldo pero... ¿cuántas veces lo pedimos?

Cuando generamos expectativas que no se cumplen pero no hacemos nada práctico para cumplirlas podemos caer en la amargura y la necesidad de control.

Adoptamos como propias y únicas las maneras de hacer ciertas cosas, tanto en casa como en el trabajo e incluso entre amigos. Asumimos que nuestro modo es el correcto y no dejamos ni que las otras personas se sientan bien cuando “ayudan” o no nos parece suficiente lo que nos dan.

Como dice la señora Lebenthal hay que saber pedir las cosas para que ocurran, hoy también me gustaría reflexionar en lo que viene después de pedir y es aceptar el cómo se nos entrega lo solicitado.

 

conciliación laboral

¿Qué nivel de control ejerces sobre tu hogar y tus reuniones sociales? ¿cuántas veces esperas que salga de los demás hacer algo que te interesa sin que se lo hayas pedido? ¿por qué lo esperas? ¿cuántas veces les permites que lo hagan a su manera y a su ritmo?

Personalmente soy ferviente defensora de llevar la casa como quien lleva una empresa, pero nuestras parejas, vecinos e hijos no son nuestros empleados, son nuestros colegas. Debemos confiar en que, al igual que para ti, su objetivo es vivir tranquilos y felices en un lugar bonito y con las condiciones de salubridad básicas.

Nuestra obsesión por mantenernos ocupadas (me repito) a menudo responde a una necesidad de control, a una carencia de auto-amor, a una entrega sacrificada con espera constante de aplauso y retribución.

¿Qué esperas de los demás y por qué lo esperas? ¿Pides lo que necesitas y permites que se te entregue en términos que no son los tuyos?

Recuerda: tu manera es simplemente tu manera, no “la manera”. El enfado y la frustración que conlleva querer ejercer control sobre las personas a tu alrededor te aleja del amor y la paz que es, en última instancia, lo que dices buscar en el trabajo y en el hogar.

La conciliación empieza en nuestra mente, no en el horario ni en las tareas ¿tú qué opinas?

 

Quizás me digas: “sí Lou, pero hay cosas que hay que hacer y nadie me ayuda”, a lo que yo te pregunto:

• ¿Está estipulado o acordado que esas tareas son tuyas? - Hazlas tú.

• ¿No llegas a todo y te sientes abrumada con tantas obligaciones? - Pide ayuda.

• ¿Debería ser un trabajo de equipo y te lo estás comiendo tú solita? - Programa reunión de grupo y permite que hablen y se hagan las cosas en equipo, no bajo tu batuta.

• ¿Crees que nadie sabe hacer las cosas bien? - Reevalúa lo que significa bien y llega a acuerdos.

• ¿Nadie te hace caso nunca? - Pregúntales por qué, el mundo no gira alrededor de tus necesidades.

• ¿Llegaste a unos acuerdos que no se están cumpliendo? - De nuevo, conversación y responsabilidad, quizás deban reestructurarse las responsabilidades.

y en el trabajo...

• ¿Crees que haces más de lo que hacen tus compañeros? - Concentrate en lo que tú haces y no permitas que tu mente se distraiga con comparaciones, enfados y envidias.

• ¿Consideras que se aprovechan de ti? - Pon sobre la mesa tus responsabilidades y pide ayuda en las tareas extra.

• ¿Quieres un ascenso o una subida de sueldo? - Pídelo con un razonamiento empresarial y los beneficios que obtendrá la empresa si eso ocurre.

Prueba y me cuentas: no permitas que tu necesidad de control y el miedo a que todo se convierta en un caos sea lo que mueva cada uno de tus movimientos. Para, respira, vuelve a los básicos, reúne al equipo y sigue desde ahí, quizás, en otra dirección.