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LOURDES PEREZ ONLINE

La bestia detrás de la bella o cómo amar tu oscuridad.

Slow Lou

POST INVITADO: Sandra García Gata

amar nuestras sombras
Me gusta ver la luz en las personas que tengo a mi alrededor y me he entrenado a conciencia para mirar con los ojos del corazón. Es maravilloso ser capaz de observar lo positivo en cada una de las personas que me cruzo, de disfrutarlas en su plenitud y de hacerles ver partícipes de esta luz como reflejo cuando se les olvida.

También me gusta ver la luz en mí misma. Es mucho más agradable que la otra parte de mí, la que se esconde detrás de la chica luminosa, musitándole al oído. Esta parte de mí me recuerda mis puntos débiles. Me profetiza malos resultados a mis esfuerzos. Es una parte que tiene rabia y resiente, se siente inadecuada e incapaz. Se compara y sale perdiendo.

Es la bestia que escondo en el sótano mientras dejo que la bella salga a pasear y a participar en conversaciones con su eterna sonrisa complaciente.

Un buen día, ya no eres capaz de mantener más a la bestia encerrada en el sótano. Ocurre algo que le borra la sonrisa a la bella y la bestia sale a defender el castillo utilizando todo su poder, que no es otra cosa que tu oscuridad. Pierdes el control y haces algo que está fuera de tu carácter. ¡Trágame tierra!

Es entonces cuando me doy cuenta de que la bestia no es una parte separada de mí. La bestia también soy yo. Soy yo, dual y a la vez única. Como lo eres tú, como lo somos todos. Humanos, al fin y al cabo.

Negar a la bestia y relegarla al sótano no supone que deje de existir.

Afirmar mi oscuridad abre la puerta a otra posibilidad: el encuentro con los regalos y las enseñanzas de las partes menos aceptadas de mí misma.

Puedes encontrar perseverancia en tu terquedad, acción en tus terremotos interiores, aceptación y amor en un pozo de vergüenza y frustración. ¿Cómo puedo decir que me amo incondicionalmente si sólo veo aquello que es aceptable, amable y común? ¿Cómo puedo apreciar la persona que soy si no soy capaz de amar mi oscuridad y aprender de ella?

Por el contrario, ¿qué ocurre cuando aceptas a tu bestia, a tu sombra?

RESPONSABILIDAD. Cuando la bestia ruge, no culpas a la otra persona. Buscas en tu interior y trabajas en los botones que hacen saltar las alarmas tú solo.

SERENIDAD. Puedes ver a los demás en su totalidad y no salir corriendo en otra dirección cuando ves la parte más oscura de un ser amado.

LIBERAR LA NECESIDAD DE CONTROL. No es necesario reaccionar cuando algo no sale como está previsto. Reconoces la ansiedad del que intenta controlar y la dejas ir.

SABIDURÍA INTERIOR. Esa que se gana cuando ejercitas una compasión sin límites, sin correcciones, por la parte más vulnerable de ti mismo.

Meterte en tu cueva interior será duro. Te observarás sin juicio: lo bonito y lo feo, lo aceptado y lo repudiado, lo crudo y lo adorable. El yo domesticado. El yo salvaje. Te mirarás a los ojos, uno humano y otro felino, y serás capaz de VERTE.

De verte por primera vez.