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LOURDES PEREZ ONLINE

Retoma el control de tu vida: dale la vuelta desde YA.

Slow Lou

¿Cómo retomar el control de nuestras vidas cuando todo va tan rápido y hay tantas cosas que hacer?

¿Cómo soltar obligaciones laborales o familiares sin sentir ese miedo a fallar, perder, defraudar...?

¿Cómo tener la fuerza y perseverancia necesarias para tomar acción y mantener los cambios?

controla tu vida

 

Parece que la vida nos pasa y nosotras nos dedicamos a amoldarnos de la mejor manera posible. Sentimos que necesitamos parar y cuando por fin lo conseguimos, para lo único que tenemos fuerzas es para descansar y atacar lo que tenemos atrasado.

Nos sentimos bien por un momento, estamos “al día” de las obligaciones y por fin hemos podido salir un rato, pasar tiempo con la familia, con los amigos y disfrutar unas risas sin mirar el reloj.

 

Ahora vuelta a la rutina y otra vez más de lo mismo.

 

¿Sientes que la vida “te pasa” y que tienes poco control para implementar cambios significativos?

 

Queremos tenerlo todo bajo control: el trabajo, la casa, el tiempo, las vacaciones, las horas de sueño, las comidas y si puede ser un poco de ejercicio y diez minutillos para meditar por las mañanas.

 

Pero la vida pasa, las obligaciones están ahí, dependemos de otras personas, dependemos de las circunstancias y dependemos de nuestra capacidad de resolución y foco para poder sentir que todo va más o menos bien.

 

Sentimos que no controlamos nuestra vida, que por cada éxito hay varias luchas, que por cada cambio hay sacrificios y que tras cada deseo se esconde la frustración. A veces más, a veces menos, pero la vida no siempre parece ponernos las cosas fáciles. 

Además cuando conseguimos subyugar a los nuestros a nuestro antojo (oye, con muy buenas intenciones a veces ¿eh?) y manipular las circunstancias en nuestro beneficio podemos llegar a sentir que lo tenemos todo bajo control, pero en realidad no hacemos más que afianzar la idea de que fuera está la solución a nuestros problemas generando miedo, agresividad y alimentando el chantaje emocional.

 

La necesidad de tomar el control de nuestras vidas aparece cuando el miedo a no conseguir lo que deseamos se hace presente. Miedo a no ganar suficiente dinero, miedo a no llegar bien preparada a esa reunión o examen, miedo a no tener tiempo para nosotras, miedo a que nos tachen de egoístas, miedo a enfermar...

El apego a lo que consideramos beneficioso nos lleva a querer controlar el ambiente y, sí, ¿por qué no decirlo? querer controlar también a las personas (a veces con mayor o menor éxito) alimentando así la idea de que, para que nosotras estemos bien, todo tiene que estar bien ahí fuera.

Las expectativas que ponemos sobre los demás y sobre lo que deberíamos conseguir siguen alimentando el miedo a no conseguirlo, así, como de manera escondidilla sin que nos demos cuenta. Pero actuamos desde ahí, desde el miedo y la necesidad de control de lo externo.

 

Obvio que si esperamos que sea lo de fuera lo que cuadre con lo que queremos, tendremos una lista de culpables (ya sean personas o circunstancias) a los que señalar cuando nuestras expectativas no se vean cumplidas.

 

  • Ejemplo obvio: estoy enfadada porque tú estás haciendo las cosas de un modo que a mí me molesta.
  • Ejemplo sutil: estoy agobiada porque tengo mucho trabajo.

 

El miedo genera esa famosa actitud de lucha o vuelo que dispara los niveles de estrés, que a la vez suben el cortisol, bajan las defensas y nos sentimos aún más débiles, de cuerpo y de mente. No importa si hemos decidido (o reaccionado) atacar/defendernos o salir por patas que la prisa aprieta.

 

La prisa, esa que nos nubla la mente por aquello de la multi-tarea, la visión túnel y el “yo contra el mundo y si no ayudas al menos no molestes” (seguro que te suena).

 

¿Cómo percibimos la realidad?

 

El mundo ahí fuera, separado de nosotros, se mueve de cierta manera. A veces a favor de nuestras expectativas y apaciguando la prisa y el miedo, y a veces en contra haciendo que el enfado, la frustración y las ganas de darle la vuelta a la tortilla se acaben, en el peor de los casos, convirtiendo en ataques de ansiedad, cabreo, egoísmo o incluso depresión.

 

Pero mira, es que la realidad es otra, la vida no está ni en tu favor ni en tu contra: la vida es. Sí, ya sé que parece muy real, pero te prometo, palabrita, que la realidad es otra.

 

Las cosas y eventos que experimentamos no son permanentes, no son exactamente como creemos que son y ni mucho menos van ni a favor ni en contra (me repito, lo sé, es a posta).

 

Voy a decir algo que he dicho antes, que sé que pica y que sé que aunque resuene contigo quizás no muevas un dedo; eso ya es sólo decisión tuya:

La que va a favor o en contra no es la vida, eres tú.

 

En el momento que observamos por experiencia propia (no porque lo ponga en un libro o porque yo te lo diga o porque suene bien), lo voy a repetir: en el momento que observamos por experiencia propia la cantidad de significado añadido que le ponemos a lo que vemos, nos damos cuenta de cómo cada vez que interactuamos con el entorno en realidad interactuamos con el juicio que hacemos sobre el entorno.

 

  • Ejemplo obvio: en tu día libre quieres salir a pasear por el parque pero llueve, vaya mierda todo.

En este ejemplo supeditamos nuestra capacidad de pasear por el parque a la lluvia, por extensión el día es una mierda y como te quedes en esa actitud, un día de descanso en el que podrías haber hecho mil cosas molonas se convierte en la vida contra ti y tú frustrada cuanto menos.

  • Ejemplo sutil: no puedes tener la casa bajo control porque no te ayudan y además enredan.

En este ejemplo que vivimos muchas de las que compartimos piso con nuestra pareja o familia, ponemos la necesidad de control del entorno por encima de la aceptación del comportamiento aprendido de otros (alimentando a su vez agresividad y resentimiento)

 

Volvamos a las expectativas y el miedo. Volvamos a cómo queremos controlar el entorno para que esté a nuestro favor. ¿Te das cuenta de lo absurdo del esfuerzo? ¿Te das cuenta dónde nacen tus expectativas?

 

Alguien dijo una vez “espera lo mejor, prepárate para lo peor”. Quizás lo dijo en otro contexto y con otra intención pero hoy quiero usar esta frase porque ayuda.

 

Tener expectativas es humano: esperas sobrevivir a tus hijos, esperas que el techo no se desplome sobre tu cabeza, esperas que te paguen a fin de mes, esperas que no te atropelle un coche, esperas poder dormir bien, esperas no pillar una enfermedad terminal, esperas poder tomarte un café en tu pausa, esperas que las vacaciones sirvan para retomar fuerzas, esperas que tu pareja no te engañe, esperas terminar ese proyecto, esperas que no se te escape el perro, esperas que tu vecino no ponga la música a tope entre semana, esperas que en el mercado tengan naranjas, esperas... creo que ya ha quedado claro.

 

Pero todas esas cosas pueden no suceder. Y esa es la verdad del asunto. Como diría mi ex el madrileño “y punto pelota”. Y si esta afirmación te asusta y crees que lo mejor que puedes hacer es obviar esta realidad para ser feliz seguirás viviendo engañada y dudo yo que vivir en una mentira te permita controlar nada ni dentro ni fuera ¿me sigues?

 

Entonces ¿qué podemos hacer para retomar el control de nuestras vidas si todo puede irse a la mierda en mayor o menor escala en cualquier momento?

 

Primero supongo que lo suyo sería como he dicho antes, observar cómo funcionamos en nuestra mente: como vivimos a razón de nuestras expectativas y nuestros miedos, como nos pasamos el día juzgando las cosas según nos gusten o no, nos vayan bien o no. Ese es el primer paso.

 

Vivimos filtrados por juicios constantes. Eso hace que no veamos la realidad por lo que es: un movimiento continuo que no va ni a tu favor ni en tu contra y que no podemos amoldar a nuestro antojo.

 

Eso nos lleva al siguiente paso: aceptación.

La aceptación de que la realidad es impermanente, carente de significado real (lo que signifique aquello que experienciamos lo decidimos nosotros desde los juicios). Que lo que vemos no es lo que es.

 

¿Sabes que no son tus ojos los que ven, no? Tus retinas recogen luz y tu cerebro descifra. ¿Sabes que no es tú oído el que oye, no? Tus tímpanos recogen vibraciones y tu cerebro descifra. ¿Sabes que no eres tú la que toca, verdad? De hecho los electrones externos de los átomos de tu piel y el objeto en cuestión se repelen, lo que ocurre es que se pasan información de presión y temperatura que tu cerebro descifra.

 

Entonces ese sería el tema, vivimos en nuestro cerebro. Si el cerebro se dedicase sólo a poner datos objetivos en orden sería la repera pero gracias a la memoria todo lo mezcla con recuerdos, creencias, expectativas, miedos... volvemos a lo mismo.

 

Una vez comprendido el funcionamiento real del cerebro, de nuestra mente, y de cómo lo que sentimos tiene poco que ver con lo que hay realmente ahí fuera ¿no te parece súper absurdo intentar controlar fuera algo que en realidad sólo está en tu mente?

 

Ahora viene la buena noticia: puedes controlar, domar y reeducar tu mente. Ahí reside tu poder, ahí tienes el control.

 

Para tomar control primero hay que aceptar que no sabemos nada. Que todo lo que creemos saber de la realidad que nos rodea, todo lo que creemos saber de nuestro entorno, de nuestros amigos, de nuestro cuerpo y de nuestra pareja es una fabricación mental. A veces más acertada, otras menos, pero no es del todo fidedigna: es simplemente una interpretación basada en lo que almacenamos en los archivos de nuestro coco.

 

Da un paso atrás, la duda es tu amiga, te lo prometo. Cuando dudamos no asumimos, cuando dejamos de asumir desaparecen muchas creencias, lo que desmonta los miedos y a la vez te desapega de las expectativas.

 

De manera casi automática aparece la paciencia. Al estar en un estado expectante en el que eres tú la que se amolda a las circunstancias y no esperas que sea al revés_ activando el estado lucha o vuelo (con su estrés, su prisa, su bajada de defensas y demás)_ cualquier cosa que ocurra es aceptada porque ya no sentimos que va en nuestra contra.

 

La paciencia no es esperar mucho hasta que algo pase como queremos que pase, la paciencia es el desarrollo de la tolerancia a los momentos que juzgamos como adversos. Al dejar de juzgar, aparece esa tolerancia de un modo muy fluido, te lo prometo.

 

Entonces, ese sería el tema en cuestión hoy. La toma de control de nuestra vida es más fácil de lo que parece. Si antes parecía difícil era porque queríamos controlar el entorno ¡y eso es imposible!

  • Cambiamos la percepción de la realidad por la comprensión del funcionamiento de nuestra mente.
  • Desaparece la prisa para dar lugar a la paciencia.
  • Los miedos y los apegos se vuelven absurdos porque ahora aceptamos que no sabemos lo que creemos saber, y obviamente no podemos basar nuestra vida en eso ¿a que no?

 

Ya te oigo, “Pero Lourdes ¿entonces no hago nada? ¿tengo que vivir en resignación absoluta? ¿dejar de lado mis objetivos, mis luchas?¿aceptar que se me trate mal?”

 

¡Nop!

 

La mejor de las noticias es que una vez has hecho el cambio de paradigma ocurren cosas maravillosas:

La comprensión del funcionamiento de la mente te permite ver las cadenas de pensamientos que alimentas cuando no miras tu mente, cómo aparecen las emociones, y vemos con claridad todos los significados que le añadimos a cualquier cosa con la que interactuemos: eso nos libera de mucho sufrimiento y vivimos más felices.

 

El desarrollo de la paciencia nos ayuda a tomar distancia con lo que juzgamos como adverso permitiéndonos ser perseverantes en nuestros objetivos que dejan de estar basados en el miedo, ya que ahora están reforzados por la claridad mental: eso nos da mucha serenidad.

 

La aceptación de la vida con sus más y sus menos refuerza la confianza en ti misma porque ahora ya sabes lo que está en tu mano y lo que no volviéndote una mujer mucho más responsable de tus actos, dejan de doler los cambios de dirección, dejas de echar culpas a fuera. Nos volvemos mucho más creativas y resilentes, vemos oportunidades donde antes veíamos problemas.

 

Puedes si quieres tomar el control de tu vida, pero te animo a que mires hacia dentro porque al final tu experiencia de vida ocurre en tu mente y tú eres tu mayor activo.


Hoy cerramos las inscripciones al curso anual de meditacion M53, un año en el que puedes hacer esta transformación, yo la hice (a veces me caigo pero me levanto sin miedo y nunca abandono), un curso que te enseñará no sólo a comprender el funcionamiento de la mente y ver la realidad con otros ojos, si no también un curso en el que convertirte en una persona mucho más fuerte, más segura de ti misma, sin miedo y en control. 

Tienes toda la info AQUI