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LOURDES PEREZ ONLINE

La experiencia del tiempo, el estrés y mi cajitas

Slow Lou

No sé a ti pero esta semana se me ha pasado en un suspiro.

El tiempo en el mundo físico es una realidad pero en el mundo de la mente es un concepto de lo más relativo. La experiencia del tiempo, a esto es a lo que me refiero.

Ya sabes cómo va, cuando parece que nada se mueve el tiempo  pasa más lentamente y cuando estamos concentrados cien por cien en algo o tenemos muchas cosas que hacer en el plano físico sientes que las horas se encojen.

Esta semana por fin he conseguido poner todas mis cajitas en orden. El concepto cajitas es muy Ohlali pero dibuja a la perfección todo lo que tengo sobre la mesa ahora mismo, y visualizar cada proyecto en una caja con sus compartimentos me ayuda a verlo todo con un poquito más de claridad.

Antes era muy de horarios, muy de ”hacer”, ahora soy más de dar un pasito atrás y, sí, claro, hay que hacer las cosas, pero voy mucho más calmada aún cuando tengo setentamil cosas sobre la mesa porque no voy tras el reloj, voy tras los objetivos con una perspectiva más clara.

Voy a épocas, no sé a ti qué sistema te funciona mejor, o si tienes un sistema o simplemente vas que parece que te estén empujando por detrás.

Cuando volví de Barcelona me costó casi quince días dejar de sentir el empujón y dar ese paso atrás. Con todo lo que quería involucrarme me involucraba pero a la vez. No en plan multitasking (bueno un poco sí) pero más en plan ”Ahora aquí, ahora allí, apaga un fuego, acuérdate de esto, de lo otro, ah voy a ponerme con tal cosa que si no luego estaré cansada, pero espera, manda ese mail primero que este alumno lleva esperando ya tres días, pon el agua a hervir”

Me sentía muy dinámica, no te voy a engañar, pero a la vez un poco fuera de control con todo.

Locura absoluta, agotada cada día, dolor de cabeza y esa sensación de que o paro un momento y me estructuro o me voy a volver tarumba porque no me da la gana de acostumbrarme a vivir así, ya he tenido esta dinámica antes y no me ha dado buenos resultados ni para el coco, ni para el cuerpo ni para mis relaciones personales. No.

Focus baby, da un paso atrás.

Así que he luchado contra el miedo de perder el tiempo por parar un momento y reorganizarme y ya está. Me di tres días para poner las cajitas en orden, no más. De momento parece que lo he conseguido y todo va sobre ruedas.

Sí que estoy usando un horario relativo, porque me conozco y si solo voy por objetivos me pongo en plan obsesivo compulsiva y me pierdo.

Son siete cajas las que tengo sobre la mesa, con sus compartimentos y sus fechas de vencimiento, unas más estrictas que otras, así que he llegado a un acuerdo conmigo misma: voy a cumplir con las fechas sin dejarme secuestrar por el reloj y voy a cumplir con los objetivos sin dejarme llevar por la obsesión.

 

¿Cómo lo hago?

Creo que como con todo lo que nos abruma: bajar los niveles de estrés y de ansiedad es prioritario, porque si no no pienso y voy moviéndome desde el estómago. Y cuando me muevo en plan visceral pues se me irrita la vida: me duele la cabeza, la espalda, el estómago, estoy irascible y con cara de loca, en serio.

Así que da igual cuánto hay que hacer y cuándo hay que entregarlo porque cuando me altero me lo noto ¿tú no? Aprieto la mandíbula, estrujo los glúteos, tenso el cuello... me pongo marimandona, me vuelvo muy estricta, entro en control freak mode.

No mola nada. Podría decir que a la mierda con todo que para qué me enredo, que mejor me voy de vacaciones y desconecto del mundo que seguro que así se me quitan todos los agobios. Pero es que no, es que quiero hacer lo que estoy haciendo narices y lo quiero hacer no sólo por mí si no por las personas involucradas y por todo lo bonito que puede llegar a nacer de estos proyectos.

Así que no importa si me despierto con la cabeza pensando en todo lo que quiero terminar hoy, el horario de tal o cual reunión o de si me va a dar tiempo a hacer esto o aquello. Al margen de lo que mi cabeza diga en plan inercia compulsiva yo me acepto como soy mentalmente por las mañanas pero no me entrego a ello: me siento.

 

Medito. Respiro.

Experimento el tiempo como te comentaba al principio del post: más lento. Se calma el coco, me conecto con la quietud que existe en mi interior y que al despertar se siente borrosa.

Porque no sé tú, pero yo prefiero invertir 20 minutos en ponerme en orden la cabeza y los niveles de estrés (ya no sólo por claridad mental si no por salud) a salir disparada e invertir esos veinte minutos en hacer, hacer y hacer pero con la mente aturullada, el tonito de novia controladora, el cuerpo como un palo y los niveles de triglicéridos disparados.

Tengo una ilusión tremenda en cada una de las siete cajitas que tengo sobre la mesa y también tengo un relativo conocimiento de cómo funciono por dentro cuando las cosas se me despirulan... más bien me despirulo yo, vamos a ser sinceros.

Así que nada, hoy quería contarte un poco esto, cómo hago para que no se me coma el mundo y mantenerme en calma en tiempos de estrés.

Estoy a tope pero no quiero salir corriendo, porque cuando haces lo que haces por amor y con amor no sientes necesidad de escapar si no de crecer desde dentro para poder ser un ancla para los demás, al menos un poquito, al menos durante un tiempo.

Creo que al final es todo cuestión de motivación ¿por qué lo haces? ¿para quién lo haces? ¿cómo lo haces?

La felicidad está en nuestra mente, no debemos olvidarnos del maravilloso potencial que tenemos si conseguimos escucharla, entenderla y controlarla.

Gracias por estar al otro lado.