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LOURDES PEREZ ONLINE

Hacerse el sueco y el fuego español

Slow Lou

Estos días que estoy en Barcelona visitando la familia me he dado cuenta de muchos hábitos que he ido adoptando al estar alejada (y aislada, por qué no decirlo) de las multitudes, de las prisas y de la cultura Española.

No sé hasta que punto mi adaptación al ritmo de la Suecia del sur: más lento y más silencioso, ha ayudado a mi práctica de meditación y a mi manera de interactuar con el resto de la sociedad.

Sí que es verdad que me resulta más sencillo desconectar de lo que ocurre a mi alrededor por aquello del idioma, pero también me he dado cuenta de que no necesito vocalizar todo lo que pasa por mi cabeza, todas las ideas que se me ocurren, ni todas las opiniones que tengo con respecto a la política, el tiempo, el vecino o la sociedad.

El lago de mi suegra en Storå

El lago de mi suegra en Storå

Los suecos son más privados, no hablan con un desconocido sobre el tiempo en la cola del pan, no hacen bromas a las cajeras del supermercado si les cuesta encontrar el céntimo de turno, si algo no les gusta simplemente lo evitan sin tener que expresar cuál sería, desde su punto de vista, la manera correcta de hacer, decir o ser.

Tiene sus partes frías, pero te prometo que la vida es mucho más tranquila.

De todas las conversaciones que escucho por la calle desde que estoy aquí, una de cada dos (al menos) es alguien quejándose de algo o criticando el comportamiento de un tercero. Hay mucha amargura y mucho cabreo. Y, desde mi punto de vista, tiene más que ver con la falta de observación interna que con la realidad política.

Hace un par de días alguien me dijo que si las empresas pagaban menos y los jefes se llenaban los bolsillos era culpa del gobierno... a ver, si eres honesto eres honesto, si no lo eres no lo eres ¿no? Que el gobierno te dé facilidades para despedir y pagar menos no significa que si puedes tratar bien a tus empleados tengas que tratarles mal ¿verdad?

Observación y autoanálisis, olvidarnos de si tenemos o no razón y tener la mente clara es casi imposible cuando nos pasamos el día entero buscando culpas fuera, distracciones fuera, comparaciones fuera. Si todo lo que experimentamos creemos que está fuera no hay lugar para el crecimiento personal, para el desarrollo de la concentración, la claridad y la calma mental.

Parece imposible para alguien que vive hacia fuera, buscando respuestas y soluciones en el trabajo, la familia, el gobierno o las circunstancias, crea que la meditación pueda ayudarle a nada... quizás es rechazo a encontrarte con la realidad de la mente: sus prejuicios, sus creencias, sus miedos, sus enredos. Pero si no ves la causa del problema ¿cómo vas a encontrar la solución?

Estos días en Barcelona me están llenando de alegría por ver a familiares y amigos pero también me están poniendo delante de las narices la locura en la que vivimos y que sólo nosotros, y desde dentro, somos capaces de aniquilar.

Sólo desde una mente clara, con perspectiva y responsabilidad, una actitud de no meterte en conversaciones ajenas, opinar sobre el comportamiento de otros y dedicarte más a la propia observación y autoanálisis, sólo desde ahí hay posibilidad de calma y felicidad duradera.

Y lo digo sin tapujos, porque nunca podremos cambiar a otros y las grandes empresas y gobiernos saben muy bien de nuestra locura... 

No tener tiempo es, no sólo una excusa, si no una mentira. Siempre puedes usar los 5 minutos matinales de la ducha para hacer un poquito de enraizamiento, de observación de patrones mentales, de responsabilidad frente a nuestras emociones. Podemos soltar lo que no nos hace bien y eso empieza por dejar de culpar y opinar sobre lo que hacen los demás y empezar a abrazar la paciencia, el amor, la compasión, la comprensión y la generosidad.

Que alguien lo merezca o no no es lo importante, lo importante es lo que nosotros llegaremos a sentir cuando nos embarquemos en este nuevo paradigma de comprensión.

No hace falta hacerse el sueco, pero quizás si canalizar de un modo más constructivo el fuego español.

El día 15 de septiembre cerramos plazas para el curso Meditación 53 con el que, durante un año, aprenderás a escucharte, a entenderte y a interactuar con el entorno desde una mente más clara, una actitud más paciente y conseguir así vivir sin ese malestar constante que te empuja a criticar, dudar, querer controlar, exigir retribuciones, decirles a otros lo que deberían estar haciendo...

Un año de herramientas, recursos y guía personal constante, porque no te voy a dejar solo en esta aventura. ¿te animas? INFÓRMATE AQUÍ