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LOURDES PEREZ ONLINE

La pereza de mantenerse ocupado: zona de confort

Slow Lou

procrastinacion
Hoy quería desarrollar la idea la pereza, lo que realmente significa y cómo sacudirla de algún modo para despertar y de paso darle un nuevo significado a la palabra "productividad".

"En lugar de sentirnos desalentados por la pereza, podríamos llegar a conocer profundamente qué es la pereza. En ese mismo instante la pereza se convierte en nuestro maestro personal."

Tradicionalmente, en la filosofía buddhista, la pereza se enseña como uno de los obstáculos para el despertar. Hay diferentes tipos de pereza. En primer lugar, está la pereza orientada a la zona de confort donde simplemente tratamos de estar cómodos. Luego está la pereza de desaliento, una especie de desaliento profundo, una sensación de renunciar a nosotros mismos, a nuestras metas: es la pereza del abandono. También existe la pereza del "pasar de todo". Es aquí donde se endurecen en la resignación y amargura y simplemente nos cerramos.
Hoy quería hablaros de la más evidente y de la que en principio relacionaríamos con todo lo contrario a ser perezosos...

La zona de confort

La pereza que nos mantiene en la zona de confort se presenta en una gran variedad de formas. Sogyal Rinpoche escribe que en el Este, por ejemplo, la pereza a menudo se resume en tumbarse al sol con algún amigo, beber té, y dejar que los días pasen. En Occidente, observa, la pereza se manifiesta con frecuencia como una necesidad de acelerar. La gente se precipita de una cosa a otra, desde el gimnasio a la oficina, al bar, a las montañas, de la clase de meditación a las labores del hogar, al patio trasero, al club... Corremos alrededor de la búsqueda, buscando, anhelando una inalcanzable comodidad, una ilusión de conseguir hacerlo todo, sentirnos extrañamente productivos pero vacíos a la vez.

Da igual que nos apalanquemos o que nos mantengamos ocupados, y dondequiera en el mundo que nos encontremos, la necesidad de mantenernos en la zona de confort es una forma de pereza y se caracteriza por una profunda ignorancia.


Buscamos desconectar de nuestra realidad interior, queremos una vida sin dolor, un escape o un refugio donde no confrontar las dificultades o las dudas que tenemos sobre nosotros mismos, nuestra vida o nuestras relaciones.

Ese desconectar y acallar las dificultades que se presentan es el arma de doble filo del slowlife. Y no me cansaré de insistir en que vivir lento no es tumbarse a la bartola y vértelas venir. Eso es, sin duda querer vivir en un estado perpetuo de pereza.

No agarrar el toro por los cuernos, hacer reajustes y cambios, esforzarse y renunciar es algo muy activo que precisa de esfuerzo y de enfrentarte al miedo. Si no lo hacemos y sólo soñamos en cómo sería si nos pudiésemos permitir bajar el ritmo nos mantenemos en un estado perpetuo de estrés o nerviosismo que va desde la actividad más histérica al adormecimiento más profundo.

Queremos apaciguar nuestras mentes inquietas, crear una vida ocupada en lugar de confrontar la vida real que ocurre en nuestro interior.

Es como darle un caramelo a un niño que se queja y necesita comprensión y cariño... ningún caramelo será suficiente aunque le mantenga callado por un rato.

Como adultos buscamos reconocimiento y confort, pero nunca estamos satisfechos... sea lo que sea lo queremos cada vez más grande, más rápido, mejor, antes y de manera más fácil a ser posible. Si prentendemos encontrar lo que buscamos de este modo es como beber agua salada: nuestra sed de comodidad y facilidad nunca estarán satisfechas.

Obviamente hay personas que están más atrapadas por esta actitud que otras, muchos de nosotros entramos y salimos de este estado... solemos entrar más a menudo cuando nos sentimos insatisfechos con nuestra situación actual o cuando tenemos algún conflicto. Buscamos salir de esa sensación de inquietud interna solucionando cosas fuera en lugar de parar un momento y enfrentarnos a lo que está realmente amasándose en nuestra mente. Desenchufamos, ponemos el automático y nos sentimos productivos: la pereza de mantenerse ocupado en acción.

Enfrentarse a los conflictos internos, cambiar la manera de ver y de hacer las cosas nos abruma, lo vemos cuesta arriba y nos da miedo, así que nos mantenemos ocupados con el día a día, nos sentimos productivos haciendo cosas, construyendo cosas, teniendo conversaciones a menudo vacías y ganando dinero para seguir adelante.

Hay practicalidades que debemos atender, eso está claro, pero nunca encontraremos la calma y el equilibrio que buscamos, nunca estaremos internamente satisfechos si seguimos actuando como autómatas, produciendo "ahí fuera" sin cultivar nuestro interior.

Con el tiempo me he dado cuenta de que el esfuerzo de cambiar es menos que el esfuerzo de mantener la carrera. La meditación y la renuncia a ciertas cosas que yo creía importantes (y han resultado no serlo) me han servido para darle un vuelco a mi vida. Ya sé que todos más o menos somos conscientes de todo esto pero, ¿qué técnicas utilizas tú para salir de ese ciclo?