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LOURDES PEREZ ONLINE

La Vida lenta 24/7: el esfuerzo, los premios y los tés de media tarde

Slow Lou

vida lenta
Hoy estoy guerrera y si me conoces sabes que a veces me pongo en plan predicador de iglesia, éste es uno de esos, ya te aviso. En el artículo de hoy quiero hablarte de cómo sacar más tiempo y espero que entiendas que no es simplemente para conseguir hacer más cosas. Si me lees desde hace un tiempo sabes que aunque considero que tener tiempo para parar, respirar, reorganizar ideas y estar contigo misma es importante, una vida lenta y en equilibrio no puede pasar nunca por ir a tope durante unas horas y descansar unos minutos, luego a tope otra vez y luego otros cinco minutos para ti...

La dualidad del todo o nada, eso de premiarte al final del día por haber cumplido con tus obligaciones es una trampa y no es sostenible. (Gracias Sandra por expresarlo hoy de un modo tan clarito).

¿Qué quiero decir con qué no es sostenible?


Una de las principales razones por las que sufrimos (ya sea agotamiento, enfado, frustración e incluso enfermedad) es por separar en nuestra mente lo bueno de lo malo, las obligaciones de los placeres, el trabajo del descanso y categorizarlos dentro del ”lo tengo que hacer” o ”lo quiero hacer”.

No es sostenible una vida en la que te pasas las horas haciendo algo que no te gusta o que no te llena y anhelar ese momento de té al final del día como premio. Genera una absurda mentalidad de sacrificio que es la causa de esas expectativas de retribución y si por lo que sea el premio no llega nos enfadamos, o si no hemos trabajado lo que consideramos suficiente y aún así nos premiamos desarrollamos ese rollo de no merecérnoslo.

Sacrificio, premio, castigo... no sé tú pero yo veo ese momentazo católico cristiano enraizado en el adn.

Aún pudiendo sacar tiempo para no hacer nada seguimos ocupándonos con más cosas que hay que hacer, así podemos sentirnos merecedoras del descanso. El poco tiempo que nos damos libre lo usamos para hacer más historias con la cabeza en el movimiento siguiente, con ese run-run de ”debos” y de ”yo hago más que otros” y de no sentirte valorada ya sea en el trabajo o en casa.

Analiza tu día. ¿Cómo vas a mantenerte en el presente en ciertos momentos si los consideras indeseables? Obviamente estarás con tu mente fantaseando sobre ese pequeño ratito de ”desconexión” donde por fin vas a permitirte estar presente... bueno, me voy a repetir pero mi posición al respecto es que eso es insostenible.

Tienes un montón de obligaciones y cosas que no quieres hacer, vale.


Empecemos por el principio ¿si no las quieres hacer por qué las haces? sería la pregunta. Si hablamos de trabajo es porque necesitas pagar facturas, ok, entonces lo haces porque no quieres enfrentar las consecuencias de que te corten la luz o te echen de casa: muy lícito. Pero es importante por temas de semántica y de relación con nuestra mente que nos recordemos que tenemos un propósito no una obligación.

Al cambiar la forma del pensamiento se despiertan emociones diferentes y a la larga, al mantener este nuevo paradigma, podemos liberarnos de la necesidad de huir de la realidad que es lo que, en última instancia, hace que queramos desaparecer, desconectar y no creamos tener tiempo para nosotros.

Estás todo el rato contigo misma, todos los momentos son para ti, está todo en tu mente y en cómo juzgas los eventos.

Ahora bien, si puedes cambiar de curro por uno que te llene más, adelante, lo que no significa que a la larga sigas prefiriendo quedarte en casa tomando un té si es que consideras que estar contigo es algo que no es una constante.

Tus hijos o tu familia exigen mucho tiempo.


Sin caer en el momento martir (que ya lo dejo a la reflexión de cada uno) el tiempo con la familia es sin duda un tiempo de entrega. Es tu gente, es tu sangre, son las personas a las que quieres... ¿qué hace que quieras desconectar de ellos? ¿por qué no puedes decir algo del tipo: ”hoy tengo que irme antes” o ”tengo cositas que hacer en casa”? ¿qué actividades puedes hacer con tus hijos que te llenen tanto a ti como a ellos?

Ocurre que a menudo estamos tan obsesionados con ese momento de premio, de desconexión, que no estamos presentes en el tiempo que estamos entregándonos a otros menesteres, ya sea la casa, el trabajo o la familia. Esa idea de que la vida lenta y equilibrada se consigue haciendo cosas fuera (tantas horas de trabajo por tantos minutos de descanso o x tiempo para mis hijos y otra x para mi) es lo que digo que es insostenible.

Tú estás contigo misma todo el rato, es tu mente la que te abandona y quizás creas que otro momento, otra actividad, otro lugar, es lo que realmente necesitas. ¿Te has planteado que quizás simplemente necesites alimentarte mejor, dormir sin comeduras de coco, actuar de un modo coherente con tus principios y aceptar la vida como viene? No hablo de resignación, hablo de abrazar incluso lo que parece más feo.

Hasta que no comencé a escuchar la cháchara mental que me decía como sería mi vida ideal, mi trabajo ideal, mi pareja ideal... no me di cuenta de la poca atención que prestaba a las posibilidades que tenía ante mí en cada momento. Si tengo mi coco en los mundos de yupi evidentemente no puedo ver el mundo real delante de mis narices.

Aún con el trabajo más chungo y con el jefe más chungo yo soy dueña de mis emociones: elijo enfado (con la consecuente ceguera que este trae) o elijo paciencia y compasión (que no se basan en si la otra persona las merece o no, si no en si yo merezco liberarme de mis emociones o no).

► Esto no significa que si te están explotando o maltratando no debas tomar cartas en el asunto.

Conozco personas que repiten el mantra ”yo soy responsable de lo que digo no de lo que tú sientes” pero luego no se aplican el cuento a la inversa... interesante ¿no te parece?

Gracias a observar las situaciones en las que me desenvuelvo cada día puedo ver las opciones reales que tengo de cambio, si en lugar de mirar lo que tengo delante estoy pensando en que estar conmigo es únicamente ese momento a solas en el gimnasio o con un libro, seguiré cargando con el malestar de aquello que no cuadra con ese momento imaginario ideal.

Soy de la firme opinión que para liberarnos de las cosas externas que no nos aportan satisfacción, que no nos llenan o por las que sentimos rechazo, es imprescindible liberarnos de los pensamientos que tenemos a razón de esas cosas, intentar darle la vuelta, encontrar la motivación por la cual mantenemos esas circunstancias (y dejar de quejarnos) y, desde ahí, lo que vemos cambia, las posibilidades de cambio y la calma mental aparecen y ya no necesitamos (aunque mole) huir con un té al final del día.

No huyas de tu realidad, entiéndela!

Sé que dicho así puede parecer que hago afirmaciones que suenan bien pero que no se pueden llevar a la práctica. Sí se pueden, yo lo hago, a veces con mayor o menor éxito. Simplemente hay que poner un poquito de atención, un poquito de escucha activa de nuestros pensamientos y un muchito de responsabilidad de nuestras acciones.

En el curso de meditación hay personas normales con problemas de todo tipo que están comenzando a cambiar su paradigma, pronto abriremos un nuevo curso, mantente conectada.

Si te da la prisa y no sabes por dónde empezar puedes visitar todos los artículos bajo la etiqueta ”tu mente” o solicitar una mentoría conmigo que yo te llevo de la mano pasito a pasito.

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