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LOURDES PEREZ ONLINE

Superar el autoboicot

Slow Lou

Llevo unas semanas que madre mía... siento que no estoy al 100% en nada de lo que hago. Voy a medio gas en el trabajo, en la casa, en el blog, con mis colegas y lo que es peor, con el vikingo.

Son demasiadas cosas y siento que no hay tiempo ni energía, que no hay vacaciones de uno mismo y sin duda es lo que necesito: vacaciones de mí misma.

¿Alguna vez te has sentido infeliz contigo mismo? ¿Insatisfecho? ¿Incluso defraudado?

Creo que mis expectativas sobre mí misma son demasiado altas, quizás en realidad no doy para más y eso me cabrea sobremanera... ¿suena a autoexigencia exacerbada?

Lo que yo te diga, necesito vacaciones de mí misma. Y cuando digo ”mí misma” hablo de Lou automática, Lou nazi, Lou arreglalotodo, Lou que corre como pollo sin cabeza.

Y después de mi reflexión y autoanálisis, después del frenazo y la aceptación, he pensado que sería bueno compartir con vosotros el proceso y así yo también me vacío un poquito que escribir me ayuda mucho.

Volver al silencio, a la no-prisa, atreverme a soltar cosas que pesan más que enriquecen, volver a centrarme y respirar.

Al final la responsabilidad es sólo mía, tengo tanto trabajo últimamente que me despierto y mi desayuno en silencio dura la mitad de lo que duraba antes, mis trayectos de tren son de cara al ordenador preparando presupuestos y descargando músicas para los espectáculos nuevos.

Vuelvo a casa y mi cabeza es un hervidero, quiero dejarlo y decir ”mañana sigo” pero mañana hay que tener preparado el montaje de la competición de Estocolmo y decididas las músicas de la inauguración del centro comercial de Kristianstad, y no está hecho porque hoy tocaba dar 4 horas de clase y poner dos lavadoras.

En realidad me doy cuenta de que es una cuestión emocional más que práctica. El problema no es la cantidad de cosas que hay que hacer, el problema es que me vuelvo locatis con el perfeccionismo y la necesidad de control, de ahí es de donde nacen todos mis conflictos.

¿Qué te cuento que no sepas verdad? Al menos hoy soy capaz de mirar hacia dentro, de reconocer que son mis patrones mentales los que me llevan a perder el centro. Soy capaz de dejar el orgullo a un lado (de hecho no soy muy orgullosa), pedir disculpas al vikingo por no estar al 100% o por soltar una palabra más alta que la otra y reconocer que la paciencia es lo primero que he perdido.

Como un tiburón a dieta, como en Buscando a Nemo, la prisa es la sangre y pierdo los papeles. Lo peor es que si pierdo los papeles entro en visión túnel y soy menos creativa en mis soluciones.

La respuesta al final es muy simple, y me la sé, pero saber no es lo mismo que practicar. Si no puedo escaquearme de las clases, no puedo forzar la creatividad coreográfica, no quiero desatender mi hogar ni mi cuerpecito dolorido, habrá que hacer algo con la motivación y con la salud, digo yo.

Paciencia y autocompasión, que la exigencia y el látigo asoman muy fácilmente en mi mente y una acaba llena de arañazos y agilipollada perdida.

Así que hoy necesitaba contaros esto, que una falla, que una se levanta y que gracias a la práctica previa puedo decir ”hasta aquí” y ”que se pare el mundo que yo me bajo” sin necesidad de hacer ningún drama, porque el apego al resultado es lo que me desequilibra, mi visión distorsiónada de la realidad es lo que me aleja de mi misma.

Quizás os sintáis reflejados en esto que os cuento, quizás podáis reflexionar y ver si habéis perdido el centro, porque como he dicho antes, en realidad tanto la locura momentánea como la búsqueda del equilibrio están dentro.

Hoy me bajo (aunque lo primero que me ha venido a la mente son las 4 horas de clases que tengo esta tarde), pero me bajo de verdad. Me bajo de mi mente miedosa y autoexigente, me bajo de la tontería de creer que cuanto más haga y más rápido lo haga mejor me sentiré. Porque, por supuesto, yo también me pierdo a veces pero por suerte llevo el mapa en el bolsillo.