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Autodisciplina y Objetivos II - Propósito, Criterio y Responsabilidad

Slow Lou

Al ser humano le cuesta cambiar a no ser que lo vea una necesidad irremediable. ¿Cuántas historias de evolución o cambio de dirección conoces que comiencen con una crisis? ¡La mía la primera!

Hay quien no deja de fumar o se pone a hacer ejercicio a no ser que le diagnostiquen una enfermedad coronaria y tenga una familia que depende de él/ella. Hay quien no lucha por levantar una empresa si cree que sigue llegando a fin de mes aunque sea ”apretadillo” o como dice la expresión popular "no se encuentra al asesino del pueblo hasta que matan a la hija del alcalde".

El ser humano es perezoso por naturaleza, me explico, somos ahorradores natos de energía. Fíjate como todos los avances_ desde la rueda hasta el email_prácticamente todos los inventos relevantes a día de hoy se basan en hacernos la vida ”más fácil”. Ese es nuestro objetivo, pero ¿quién crea estas maravillas?

Si cualquier ingeniero, mecánico, matemático o artista se hubiese quedado en casa haciendo lo de siempre la historia hoy sería muy diferente. Si cualquiera de ellos hubiese decidido que era demasiado trabajo, demasiado esfuerzo o demasiado difícil hoy no sabríamos ni disfrutaríamos de la mitad de cosas.

 

¿Qué tienen de especial las personas que mantienen hábitos y se esfuerzan por mejorar, crecer, crear, superarse?

• Tienen propósito: saben lo que quieren y saben por qué lo quieren.

• Tienen criterio: buscan alternativas, ven cuando el método no funciona, son flexibles en los cambios y van paso a paso entendiendo cada error como un aprendizaje.

• Tienen responsabilidad: en la gran mayoría de los casos el propóstio tiene un componente de altruismo, ya sea el beneficio de la humanidad, el crecimiento económico de una nación o el estatus social de una familia.

imagen shutterstock

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¿Cuántas veces has comenzado a implementar cambios en tus hábitos, buscar trabajo, escribir un libro, organizar tu casa al más puro estilo Marie Kondo y has durado dos telediarios?

¿Puedes ver si te faltaba alguna de las tres cosas que menciono más arriba? ¿quizás las tres?

Hacer algo porque te han dicho que debes hacerlo es mucho menos motivador que emprender un proyecto de vida porque tienes un objetivo a cumplir que sale de ti.

Decir que lo has intentado todo cuando sólo has probado tres vías y te has pegado tres tortazos es decretar una mentira (que lo has intentado todo) como excusa. ¿Excusa para qué? me preguntarás: excusa para no sentir que no vales, que has perdido el tiempo, rechazo a fracasar estrepitosamente o incluso miedo a que salga bien y de repente tengas un montón de responsabilidades que no quieres añadir a tu mochila de "debos".

 

Si te cuesta aceptar que a los beneficios de largo alcance se accede a través de la paciencia y el trabajo inteligente (a veces duro y a veces no), hacerlo sólo por ti a menudo puede caer en saco roto. En cambio, observa el poder de estas motivaciones:

• Quieres mejorar tu salud para poder atender mejor a los tuyos.

• Quieres dejar de fumar porque no quieres ser una carga para tus hijos convirtiéndote un anciano enfermo.

• Quieres levantar una empresa para alimentar a los tuyos siendo alguien feliz y completo.

• Quieres meditar para resultar alguien más resilente, paciente, concentrado por el beneficio de quien te rodea y de la sociedad en general.

 

Propósito, criterio y responsabilidad son tres pilares que quizás te ayuden a entender por qué te cuesta mantener esas promesas que te has hecho o esos objetivos que te has marcado.

 

La semana pasada te propuse un ejercicio ¿lo hiciste? Ve a buscar la libreta donde preparaste tu cuadro y mira cuánto tiempo inviertes en aquello que consideras importante pero no urgente. No sólo la cantidad de tiempo si no la calidad también.

Pasarte dos horas retocando la web cuando lo importante es generar contenido no cuenta por ejemplo si lo que quieres es monetizar tu blog o tener presencia online.

Tirarte en el sofá a ver la tele con tu pareja no cuenta si lo que queréis es pasar tiempo de calidad juntos para reconectar y crecer como familia.

Creo que me entiendes.

 

Hay quien no tiene grandes propósitos en la vida, eso a veces nos hace sentir mal pero en realidad es una liberación. Si no tienes grandes propósitos tienes más tiempo y energía para invertirlos en lo más básico y necesario: salud, amor y responsabilidad social.

imagen shutterstock

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Ahora bien no tener ganas de nada ni de nadie, no querer cuidarse ”porque no estoy tan mal” o pasar de involucrarse en el desarrollo de la humanidad por absoluto egoísmo y apatía es otro tema. Ahí ya olvídate de hacer nada a no ser que encuentres un motivo de peso... pero, fíjate, si dejas de mirarte el ombligo y te das cuenta de que eres un eslabón en la cadena puedes decidir no ser el eslabón más débil.

Mira a tu alrededor y descubre de qué manera puedes marcar la diferencia, aunque sea pequeña.

No quiero desarrollar la idea de la apatía en este artículo (puedes ver este vídeo sobre los obstáculos para la liberación donde trato el tema en más profundidad). Este post va dirigido a aquellos que quieren hacer algo y no lo mantienen, aquellos de vosotros que os sentís estancados, que os boicoteáis y no sabéis por qué, que os sentís atascados y tiráis la toalla.

 

Durante este mes seguiremos desarrollando este tema y hoy también te invito a que hagas otro ejercicio:

Busca tu propósito. No hace falta que sea la gran misión de tu vida, puede ser algo pequeño que no consigues mantener, quizás un objetivo práctico concreto. Encuentra el qué y también el por qué.

Actúa con criterio. Haz un plan de acción coherente, no quieras conseguir mucho en poco tiempo. Puedes hacer un plan de acción a un año y después desglosarlo por metas más pequeñas trimestrales. Estas metas pequeñas trimestrales pueden dividirse en mensuales y de ahí puedes ver qué debes hacer cada semana con un objetivo claro en mente y con un por qué poderoso. Además puedes ir cambiando de dirección si ves que te estrellas, de cada caída se aprende, al menos, cómo no hacerlo.

Entiende cómo afecta tu decisión a un nivel más global. Haz un listado de los beneficios para tu familia, para tu comunidad, para la empresa, para el mundo incluso y visualízate allí. Sienta bien ¿verdad?

 

Espero que el artículo de hoy haya lanzado un poco de luz sobre los problemas de base de tu falta de disciplina y que te anime a pasar a la acción.

 

¿Te cuesta hacerlo solo? Si quieres podemos caminar juntos: visita mis servicios de mentoría y consultoría.

 

Si quieres puedes.