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Expectativas, miedo y ego

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Expectativas, miedo y ego

Slow Lou

Las expectativas, esas eternas compañeras. Muchos de vosotros me decís que tener expectativas es ”normal” y eso nunca lo he puesto en duda. Somos humanos, creamos patrones en nuestra mente, esperamos que uno más uno siempre sea dos y nos enfadamos o incluso nos asustamos a la vista de una supuesta verdad que se tambalea.


Porque en el reino de las matemáticas hay reglas claras pero la cantidad de variables desconocidas que hay detrás de las situaciones que vivimos hacen que nuestras expectativas de resultado en el día a día se basen en creencias y miedos y no en leyes matemáticas inamovibles.


Al final uno más uno siendo dos en el reino de la mente no es verdad, es sólo era una expectativa. Insisto, no es cuestión de deshacerse de ellas, es cuestión de sabernos reconocer en ellas para poder evitar el enfado y el susto cuando algo no sale como creíamos que saldría.

Desde mi punto de vista hay expectativas positivas como por ejemplo hacer algo altruista y desear paliar el sufrimiento ajeno y hay expectativas negativas: hacer algo altruista y esperar agradecimiento, reconocimiento o que se nos devuelva desde el universo o cualquier cosa pseudoespiritual de ese tipo.

De manera automática queremos evitar sentirnos mal, obvio dirás. Es interesante ver con qué velocidad generamos rechazo a las situaciones que no nos gustan, apego a las que nos gustan y enfado cuando tenemos que tragarnos las primeras y no conseguimos las segundas.

Como si la vida nos debiera algo, como si mereciésemos sólo lo bueno, como si nos olvidásemos de que la vida es un cúmulo de experiencias que nosotros etiquetamos como negativas o positivas y que todo viaje termina en bajo tierra.

Si me duele la cabeza busco un ibuprofeno, si no lo encuentro tengo dos opciones: enfadarme, generar más dolor de cabeza, enfado frustración y mal humor que no me lleva a nada más que a crearme un día culero (para mí y quizás también para los que me rodean), o puedo respirar lenta y profundamente, beber agua, darme un pequeño masaje, relajar los hombros y esperar que la neuralgia siga su curso. Sigue sin gustarme el dolor de cabeza pero no creo más mal rollo al respecto ni lo pago con nadie. No genero más sufrimiento añadido sobre el sufrimiento, digamos, real.

 

El ego quiere un arreglo rápido para lo que no va en su beneficio. Cuanto más rápido y más fácil mejor.

Pero hoy lo que quiero que veas es que no hay un paracetamol para el desarrollo personal, para la manera en la que experienciamos la vida, para nuestra felicidad última.

Mientras el miedo al fracaso o al dolor nos mueva, mientras la huida de la realidad sea nuestro remedio, no llegaremos a ningún sitio.

Hay quien te dirá que con una regresión te reconfigura todos los patrones y tu vida cambia en un pis-pas y yo te digo que conozco dos personas que después de una regresión empeoraron: una entró en depresión profunda y la otra comenzó a tener ataques esquizofrénicos.

Hay quien te dirá que lo que necesitas son unas vacaciones para reconectar, pero yo veo personas que se apegan a las vacaciones y a los momentos de ocio evitando cualquier compromiso que requiera claudicar con el trabajo y la familia y así se atrapan en el miedo a las responsabilidades y el apego al hedonismo a tope.

El desarrollo personal no ocurre en meditación, en las vacaciones ni en una sesión con el psicólogo.

El desarrollo personal aparece cuando vemos claramente dónde nos estamos trampeando. Cuando observamos el pobre resultado que nos da a la larga darle el ibuprofeno al ego deseando que nunca nos falte la pastilla.

 

Trabajando con las expectativas

Las expectativas son esa semilla que plantamos en la mente que nos dice cómo algo o alguien debería ser.

Lo que ocurre es que esas semillas están cargaditas de miedo y resentimiento: miedo a que no salga como esperamos y resentimiento contra otros y contra nosotros mismos por no ser lo que se supone que deben ser, actuar de un modo que no nos haga sentir incómodos, y conseguir los objetivos antes o de la manera ”correcta” y además que nos hagan felices cuando los consigamos.

Hay una historia del maestro budista Achaan Chaa que lo ilustra muy bien:

¿Ves esta copa?” dice el maestro ”Para mí esta copa ya está rota. La disfruto, bebo de ella. Sostiene el agua de un modo admirable, a veces incluso sus reflejos dibujan preciosos patrones. Si le doy un golpecito vibra de un modo sublime. Pero cuando pongo esta copa en la estantería y hay una corriente de aire o le doy sin querer con el codo, la copa se cae y se rompe en mil pedazos. Si esto ocurre yo lo encuentro obvio. Porque cuando entiendes que la copa ya estaba rota cada momento es precioso”

Esta historia puede sonar pesimista pero al final lo que viene a contarnos es que ocurra lo que ocurra lo importante es saber que aún disfrutando de las bendiciones del presente no podemos asegurar, de hecho debemos aceptar, que el cambio ya existe en el momento que se gestó el inicio.

También nos ayuda a ver como cualquier cosa que esperamos puede no terminar o desarrollarse como esperamos y eso, por un lado, nos ayuda a no apegarnos a los objetos, personas y situaciones y nos permite disfrutar del presente sabiendo que no podemos asumir nada, y también nos facilita levantarnos después de cada golpe.

Esa es la realidad de la existencia y negarla es lo que alimenta el ego y el miedo.

Así que, ¿qué podemos hacer en cuanto a las expectativas? Pues quizás poco, pero sí podemos actuar sobre el sufrimiento que generamos al apegarnos a ellas.

Hoy te traigo cinco pequeñas recomendaciones y te animo a que te observes en el día a día para ver cuánto sufrimiento se basa en la no consecución de lo que tu asumes que ”debería ser”.

  1. Observa la semilla de la que te hablo más arriba.

  2. Mantente atento a los momentos de alegría sin apegarte a que se mantengan.

  3. Cultiva la paciencia y la amabilidad hacia los demás y hacia ti mismo.

  4. No esperes nada, al contrario, desarrolla gratitud hacia todas las experiencias.

  5. Construye tu felicidad desde la aceptación de las dos caras de la moneda de la vida.

La próxima vez que te sorprendas esperando que algo o alguien sea diferente a lo que es o crees que debería ser recuerda la semilla del miedo y la frustración, la autoprotección del ego y del hedonismo y métetela de manera simbólica en el bolsillo.

Te animo, además, a que seas amable con la semilla, como decía al principio es parte del ser humano actuar de este modo. Siendo amable con la semilla de la expectativa y contigo mismo conseguirás desarrollar la aceptación, la paciencia, la resilencia y el amor hacia todas las experiencias.

En tu camino de transformación encontrarás muchas personas que no están caminando contigo, ve sus sufrimientos y acepta que cada uno tiene su velocidad y su camino. La generosidad es uno de los antídotos más potentes contra el ego.

• Cuando la motivación de entrega es más fuerte que la de retribución.
• Cuando ayudar a paliar el sufrimiento de los otros es tan importante o más que tu éxito personal.
• Cuando tus pensamientos no revolotean alrededor de tu identidad, no hay miedo al rechazo, no hay miedo al fallo, porque todas las expectativas de ganancia no forman parte de la ecuación. Y aún así, todos ganamos.