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La mente adicta

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La mente adicta

Slow Lou

Habréis oído que en Gotemburgo algunas empresas han bajado la jornada laboral de 8 a 6 horas sin bajar el sueldo y que la producción de los trabajadores, en contra de las predicciones, ha mejorado.

Lo que quizás no habréis oído es que esos trabajadores tienen el acceso a las redes sociales bloqueado y las llamadas o sms personales durante el curro limitadas a emergencias.

En la era en la que vivimos el cerebro se ha acostumbrado al estímulo constante, la distracción constante, el cambio de foco constante. Es normal que cuando nos queremos concentrar en algo nos cueste más de lo que nos costaba antes y que a día de hoy seamos mucho menos resolutivos, tengamos menos paciencia y nuestro trabajo se haya vuelto superficial en el peor de los casos.

Claro está que no todo el trabajo superficial es absurdo, quiero decir, lavar la ropa no requiere de gran profundidad ni concentración, tampoco atarnos los cordones ni hacer las tareas más repetitivas en el trabajo. Son cosas que hay que hacer y son útiles. Vamos, que por ahí no van los tiros.

Asumo que entiendes que a cuantos más estímulos y más distracciones nos exponemos menos capacidad de concentración y menos paciencia tenemos.

Imagina a los padres que después de un día agotador donde han hecho malabarismos con el trabajo, las llamadas de clientes, el whatssap de tres grupos, facebook en los pocos momentos libres, el libro de turno de camino a casa y la tele tan solo cerrar la puerta de su hogar, tienen que escuchar el día tan interesante que ha tenido su hijo en el cole, los problemas con los que se ha encontrado su pareja o darse cuenta de que se ha roto el calentador.

Me pregunto qué capacidad empática tiene una persona con un cerebro que está acostumbrado a cambiar de pestaña y de pantalla cada diez minutos . Me pregunto cuándo fue la última vez que vi a alguien ver una peli del tirón en casa sin mirar el móvil. Me pregunto cuándo fue la última vez que te embarcaste en un proyecto y no lo dejaste a medias porque te distrajiste, había demasiado jaleo o simplemente te aburriste de hacer todo el rato lo mismo (que en realidad no es lo mismo, pero bueno).

Y es que cuanto más nos acostumbramos a relacionarnos con las cosas “de pasada” menos capacidad de comprometernos tenemos y ese es el principal problema que, creo yo, debemos enfrentar si queremos progresar. Da igual si es a nivel laboral, personal o social. No importa si el compromiso es con tu bolsillo, tu familia o con tu cuerpo, no digamos ya con tu mente.

Si alguna vez te has planteado meditar (o ya lo estás haciendo) al principio puede darte un patatús sólo de pensar que te vas a poner a observar tu mente durante 20 minutos. La simple idea de ”no hacer nada” deliberadamente puede dar hasta urticaria. Pero luego nos podemos pasar una hora seguida en el ordenador sin ser productivos para nada.

El síndrome de abstinencia no es mono de ser productivo, es mono de estar distraído. Las distracciones son el enemigo número uno de nuestra evolución personal, eso es lo que han sabido ver las empresas de Gotemburgo y lo que te animo a que, no sólo entiendas, si no que hagas algo al respecto desde ya.

No se trata únicamente de apagar internet del móvil mientras trabajamos, se trata de hacer un ejercicio constante y consciente de atención plena en cada cosa que hacemos. Cuanto menos pasemos de una cosa a otra de puntillas mayor será nuestra capacidad de concentración y escucha. Nos agobiaremos menos si al estar cansados alguien requiere nuestro tiempo y energía, nos enfadaremos menos si nuestra pareja tiene quejas al final de un día agotador, dejaremos de buscar escapar todo el rato para disfrutar de la conexión con el presente más inmediato.

Desde ahí podemos dar pasos firmes en pos de nuestros propósitos. La realidad sobre la que debemos actuar para conseguir nuestros objetivos está ahí fuera, en medio de la maraña de distracciones, y la resolución, la emoción y la experiencia están en nuestro interior, en medio de otra maraña, la de los pensamientos.

Dejar la droga mental de la distracción constante (observa, sí, es constante) requiere pasar por un proceso de desintoxicación consciente.

Te animo a que hagas la prueba hoy, a ver cuántas veces te vas de un estímulo a otro como un niño paseando por la Gran Vía por primera vez, y después que intentes concentrarte sólo en tus pasos, en la voz de quien te acompaña y en lo que pasa por tu mente sin involucrarte. No saques el móvil cuando de aburras, observa el aburrimiento; no te distraigas con la mancha en la pared cuando alguien te cuente su día, desarrolla empatía... imagina cuántas oportunidades tienes al día para hacer este ejercicio.