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¿Por qué nunca estamos satisfechos?

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¿Por qué nunca estamos satisfechos?

Slow Lou

 De todas nuestras emociones y nuestras experiencias el ”querer más” es la más presente. Es un fenómeno quizás natural en la condición humana, o quizás ha sido fabricado a través del miedo y la competición a lo largo de la historia desde que vivíamos en las cuevas... ¿quién sabe? Lo que está claro es que a día de hoy es una de las causas de insatisfacción más constante y ni siquiera nos damos cuenta de que el problema no es no tener, si no querer.

Organizamos nuestra vida alrededor de unas necesidades que no son tales, medimos nuestro éxito a razón de cuánto conseguimos (y no hablo sólo de objetos materiales) hablo de conocimientos, argumentos, viajes, empresas, pareja, belleza...

Uno de mis artistas preferidos ya lo dice en una de sus canciones:

Es un misterio para mí

Tenemos una codicia con la que nos hemos puesto de acuerdo

Piensas que tienes que querer más de lo necesario

Que hasta que lo tengas todo no serás libre”

Eddie Vedder (Society)

 

Si conseguir todo lo que queremos se ha convertido en el mantra de muchos coaches y conferenciantes, ¿en qué momento vamos a ser capaces de decir ”hasta aquí” y estar satisfechos de una vez por todas? Vivir siempre queriendo más es una incomodidad emocional absurda.

Y parafraseando a Eddie, sólo cuando dejamos de querer tener más de lo que necesitamos, cuando dejamos de poner nuestra satisfacción y nuestra felicidad en escalar en la carrera del ”tener más” (e insisto, no hablo sólo de objetos si no también de éxito profesional y de experiencias nuevas, de aprobación) dejaremos la competición contra los demás y contra nosotros mismos.

Mientras nuestra atención y nuestra referencia se mantengan fuera nunca,

insisto, nunca estaremos satisfechos.

 

No hablo de dejar de trabajar y lanzarse con una manta y un plato de arroz al día al interior de una cueva. Hablo de hacer un análisis de nuestras posesiones, de nuestro diálogo interno, de nuestras necesidades emocionales y, una vez cubierto todo esto, ver el resto como lo que es: superfluo e innecesario para nuestra felicidad y equilibrio interno.

Querer no está mal, es entretenido, nos lleva a sitios, con un poco de suerte si elegimos bien nos permite ser de ayuda con los demás, crecer como ser humano. Necesitar lo innecesario y basar nuestro éxito personal, nuestro equilibrio emocional en ganar una carrera que nunca termina... ahí recae una de las principales causas del sufrimiento.

Te animo a que te preguntes ¿qué quieres hoy que es innecesario? ¿cómo te sentiste la última vez que viste algo en un escaparate y el dinero no te daba para ”el capricho”? ¿cuántas ocasiones de indulgencia te has regalado en pos de sentirte mejor? ¿cuánto ha durado y de qué ha servido?

Un cambio de paradigma es urgente. Formamos parte de una sociedad que está destrozando el planeta, maltratando a sus hermanos, matando a trabajar (literalmente) a personas que son tan reales como nosotros pero que no las vemos o decidimos no verlas y todo en pos de tener más... ¿para qué?

Nos machacamos por no conseguir nuestros objetivos... de verdad ¿qué te falta de lo básico? ¿Somos conscientes de que querer lo que no podemos tener puede llegar a ser causa de sufrimiento?

Si no sabes cómo dejar de querer más cosas, si no sabes cómo parar el impulso y dejar de agobiarte cuando no consigues lo que quieres (fuera de lo básico y necesario) hay dos antídotos que harán que tu mente se reprograme: el agradecimiento y la entrega.

Jugar a los contrarios es a menudo buena idea. Dar te llena mucho más, y durante más tiempo, que recibir. Agradecer te ayuda a desarrollar una felicidad que viene de dentro... es obvio que quejarse no te lleva al mismo puerto.

Si quieres que trabajemos juntas en éste u otros temas, si has tocado techo, estás en medio de un proceso de cambio y te cuesta ver la orilla, recuerda que puedo ayudarte. He estado ahí, he salido, vuelto a caer, vuelto a salir y por fin he encontrado las técnicas y las herramientas que me dan ese equilibrio interior que no se altera por los pequeños dramas del día a día.

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