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El Arrepentimiento y la Culpa (Los Cuatro Poderes Oponentes I)

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El Arrepentimiento y la Culpa (Los Cuatro Poderes Oponentes I)

Slow Lou

Hoy te traigo el primero de una serie de artículos donde intentaré desgranar y explicar cómo funcionan los poderes oponentes y por qué yo he incorporado a mi vida la práctica de la purificación mental.

Quizás relacionas una mente impura con una mente malévola, perversa, enfermiza... desde el punto de vista del budismo una mente impura es aquella que se mueve desde el prejuicio, la ilusión de permanencia y separación, el miedo y el egoísmo. Es tan sutil el piloto automático de autodefensa, es tan "normal" creer que buscar el beneficio personal es la mejor forma de encontrar la felicidad, que esta práctica a lo mejor te parece innecesaria, mística, demasiado religiosa o incluso absurda.

Los Cuatro Poderes Oponentes no son más que herramientas de autoanálisis, autoconocimiento y de motivación para una vida en la que seamos capaces de ver dónde nos hacemos la trampa y utilizar la bondad amorosa como bandera, en lugar del miedo. Además, si de paso limpiamos un poco de karma antiguo, pues mejor. 

PRIMER PODER OPONENTE: EL ARREPENTIMIENTO

El arrepentimiento no es culpa

El primer poder oponente a desarrollar es el arrepentimiento. Recuerda como te comenté en el artículo de la semana pasada que el arrepentimiento no es lo mismo que la culpa. El arrepentimiento tiene más que ver con reconocer que hemos cometido un error. No se trata de odiarnos a nosotros mismos por habernos equivocado, el odio hacia uno mismo nos aleja de nuestro desarrollo personal en el camino de la liberación mental: entre otras cosas cuando nos sentimos culpables todos los pensamientos están enraizados en la identidad, en el “yo”. No dejaremos lugar para un trabajo hacia la consciencia si empezamos con el “yo” como centro.

A veces podemos incluso sentirnos culpables por cosas de las que en realidad no somos responsables, como cuando hay un abuso a un menor o un divorcio y el menor termina sintiendo que lo que ha ocurrido es de algún modo culpa suya. O si has dejado que tu hijo vaya a la escuela sin bufanda y se constipa y tú sientes que es culpa tuya, que era tu responsabilidad protegerle y fallaste... quizás simplemente su compañero de pupitre le ha estornudado encima, quién sabe.

La culpa a veces se hace presente en momentos que no tienen nada que ver con nosotros, o si tiene que ver con nosotros la culpa hará que todo parezca mucho más dramático de lo que es y volvemos a ponernos a nosotros en el centro de la ecuación con el ”yo” por bandera.

Así que desde la perspectiva del budismo, y creo que es una perspectiva bastante constructiva, la culpa no ha lugar y de hecho no nos podemos fiar mucho de la realidad que se supone se relaciona con esa culpa que sentimos.

Creo que es importante a medida que trabajamos en conocer cómo funciona nuestra mente y ver cómo podemos desarrollarnos en una dirección de regreso a la conciencia, a la bondad y hacia el amor (hacia otros y hacia nosotros) que seamos capaces de reconocer cuándo aparece la culpa.

 

Te animo a que hagas este ejercicio:

Apunta en un papel las cosas que así a bote pronto creas que has hecho mal y te despierten culpa, desde lo más lejano y pequeño hasta lo más cercano y grande. Ahora mira bien y sé honesto contigo mismo:

• Si objetivamente el resultado no fue tu responsabilidad esa culpa es imaginaria.

• Si objetivamente el resultado sí fue tu responsabilidad pregúntate qué es más útil, si sentir culpa o sentir arrepentimiento. Porque no son lo mismo.

 

Repito lo que comentaba antes, la culpa te pone a ti como centro de la experiencia, pero el arrepentimiento te da lugar a tomar distancia, sentir compasión por quien haya resultado herido y tomar responsabilidades amorosas para poder hacer algo positivo al respecto.

A lo mejor es un trabajo duro lo que te pido que hagas, no sé que profundidad han alcanzado las raíces de las culpas que llevas a cuestas pero te aseguro que pasar por un momento duro es a menudo la puerta para la liberación. Haz un ejercicio de introspección y de observación, intenta no enredarte en el drama del ”yo” y activa una motivación de responsabilidad y amor.


Si me lo permites te voy a contar mi experiencia personal con la culpa.

Cuando me fui de casa con un portazo sé que mi familia sufrió mucho y durante muchos años cada vez que veía a mi padre triste o enfadado yo me sentía culpable, de un modo muy sutil, pero en realidad sentía que ojalá pudiese dar marcha atrás y haber hecho las cosas de otra manera. Un deseo tan absurdo como egocéntrico.

Con el tiempo y un trabajo fuerte conseguí ver que aunque la situación fue dramática yo no puedo ni debo acarrear la culpa de que todos los males de mi familia tienen que ver conmigo ¿ves la trampa del ego disfrazada de responsabilidad?

Ya sabéis que yo recomiendo la meditación para poder realizar este tipo de introspecciones, primero tengo que quitar lo que yo creo o mis opiniones y juicios de en medio y comenzar a escuchar, observar, entender y amar la persona que soy, con sus luces y con sus sombras.

Gracias a esta instrospección he descubierto en mí un patrón que se va repitiendo. Al desglosarlo he podido ver esa raíz de culpa, claro, el ”yo” al poder porque el ”yo” es desde lo que siempre me había movido y es difícil ponerlo a un lado. Pero al cabo de unos años de práctica y paciencia puedo ver (a veces tarde, no te voy a engañar) como entro en la culpa y la necesidad de solucionar las cosas cuando alguien que me importa está enfadado, en lugar de dejarle espacio para que tenga su proceso.

El vikingo me lo dice... que soy una pusher.


Ver que el patrón de ayudar y solucionar venía desde la culpa y no desde el amor fue un golpe duro pero muy liberador porque ahora sé que yo misma me estaba haciendo la trampa y que actuaba desde el ego. Desde entonces he podido trabajar mucho en este aspecto y todo ha tomado una nueva dimensión.

Así que de nuevo, el primer poder oponente del arrepentimiento es básico, porque si no podemos poner en perspectiva lo que es realmente nuestra responsabilidad y separarlo de lo que no lo es, acabamos huyendo de lo que realmente debe ser atendido para enredarnos en dramas menores y a menudo imaginarios con el ”yo” como centro.

En otras palabras, si racionalizamos y justificamos las acciones en las que realmente tenemos la responsabilidad (¿te suenan estas frases? yo soy así, es que es normal, pero eso no se puede cambiar, etc.) y no hacemos el trabajo de introspección acabamos yendo por la vida con esta especie de malestar emocional que tapamos como mejor podemos.

Caminamos sobre la cuerda floja con miedo a caer en la alcantarilla de sentimientos mezclados y temas pendientes, todo el jaleo en realidad está allá abajo pero no queremos mirar.

Cuando decidimos entrar en este camino que yo te propongo o que intento compartir aquí contigo uno de los pilares fundamentales es el reconocimiento del descontrol y la falta de observación e introspección en la que vivimos. La práctica de la purificación es muy positiva porque nos ayuda a encontrar claridad en nuestros dilemas, dudas, confusiones... aunque al principio no se vea todo claro y abrume un poco.

A veces comenzamos a analizar y parece que todo es más confuso aún y es normal querer seguir en otra dirección, pero como siempre digo, a veces es importante cruzar la puerta de la confusión para obtener claridad sobre asuntos que hemos ido alimentando durante años.

Es como ir pelando capas de una cebolla. Cuando entramos en el proceso de purificación mental el primer paso es reconocer cuando la culpa se presenta y hacer un ejercicio de introspección (sé que me repito como los pepinos) para poder desarrollar una motivación de arrepentimiento.

 

Espero que haya sabido explicar bien la diferencia entre culpa y arrepentimiento y la necesidad de la segunda para poder desarrollarnos en una motivación de amor y desde la conciencia. Ojalá que quieras ponerlo en práctica y no solo dejarlo en el razonamiento sin hacer nada al respecto.

Los cuatro poderes oponentes son: arrepentimiento, conciliación, compromiso y visualización. La semana que viene intentaré explicar el segundo y así en cuestión de un mes tendrás todas las herramientas para esta práctica.

Este artículo está acompañado por este video sobre los obstáculos del camino en el que te cuento cuatro cositas sobre la malevolencia y la culpa. 

Quiero recalcar que mi única intención es comunicar una práctica que aprendí de mi maestra Ven. Ani-la Marga Etxezarreta en el Centro Budista Nagarjuna de Barcelona. No necesitas seguir ni la religión ni la filosofía budistas para beneficiarte de este trabajo.

Yo no estoy capacitada para ejercer como maestra budista, así que si realmente quieres profundizar más en esta práctica concreta o tienes dudas al respecto te animo a que te pongas en contacto con el centro budista Mahayana o Kadampa más cercano.