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La Conciliación (Los Cuatro Poderes Oponentes II)

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La Conciliación (Los Cuatro Poderes Oponentes II)

Slow Lou

Desde hace una semana y hasta dentro de un mes estoy intentando desgranar la práctica budista de la purificación. La purificación de la mente, de las actitudes, de las motivaciones...

¿Qué quiero decir con purificar?

Retornar a un estado en el que nos sabemos capaces de actuar desde una motivación virtuosa y decidimos comprometernos a hacerlo, por nuestro beneficio y el de todos.

 

¿Por qué quiero realizar esta práctica?

Considero que desde una mente llena de enfados, confusiones y apegos es prácticamente imposible no actuar con motivación de necesidad, miedo, demanda y juicio. Así que esta práctica pretende ayudarnos a tomar conciencia y responsabilidad sobre nuestras acciones (pensamiento, palabra, acción) y comenzar a tener una vida que se base en la observación, la aceptación, la bondad y desarrollemos una mente clara que nos permita vivir en la presencia con compasión y amor hacia nosotros y hacia los demás.

 

La semana pasada trabajamos el primer poder oponente: el arrepentimiento y en paralelo publiqué un video sobre los obstáculos para la liberación en el que os hablaba entre otras cosas de la culpa.

Podéis ver el artículo de la semana pasada en este link y el vídeo pinchando aquí.

 

El segundo paso en la práctica de la purificación es la conciliación.

La conciliación funciona como segundo poder oponente. Su traducción literal del sánscrito sería ”bases dependientes”. Significa que cuando hemos actuado de un modo negativo siempre es hacia algo: un objeto, otra persona, otros seres sintientes, maestros, una situación o nosotros mismos. Nuestra actitud es dependiente del objeto.

De algún modo, al actuar con una mente llena de ruido y unas motivaciones de necesidad, miedo, demanda o juicio, hemos dañado la relación con el objeto externo, también con nosotros mismos. Hemos perdido la capacidad de observación y la atención plena que nos permite ser objetivos, honestos y humildes. Hemos perdido de vista nuestra capacidad de experienciar una vida basada en la entrega, la comprensión y las acciones amorosas.

 

¿Cómo practicamos la conciliación?

Primero debemos aplicar el primer poder oponente (el arrepentimiento) y así poder estar en situación de actuar de un modo atento, amoroso y proactivo. La conciliación es simplemente rectificar y comenzar a cultivar actitudes más constructivas que funcionen como antídoto y dejar de cultivar las negativas que están a día de hoy siendo nuestro obstáculo. Te vuelvo a remitir al vídeo de la semana pasada donde lo explico de un modo muy sencillo.

 

Es muy fácil caer en la trampa mental de la retribución. Creemos que si alguien ha actuado mal (desde nuestro juicio limitado y subjetivo) merece que le tratemos de cierto modo, ya sea para que sepa lo que sentimos hacia ellos o para que aprendan o que espabilen o lo que sea. También nosotros merecemos castigo si no hemos hecho las cosas a la altura de nuestras expectativas.

Si no somos capaces de saber cómo a veces decimos, hacemos, sentimos y pensamos de cierta manera, ¿cómo podemos afirmar que tenemos la verdad y el derecho de castigar o desearle el mal a otro por lo que ha dicho, hecho, etc? ¿ves lo absurdo de nuestra arrogancia?

Al final mantener una actitud negativa (léase que provoca más sufrimiento) no es beneficioso para nadie, tampoco para nosotros mismos.

 

”Conquista el enfado con paciencia. Conquista la maldad con bondad. Conquista la mezquindad con generosidad. Conquista la deshonestidad con la verdad.” Buddha - Dhammapada, verso 223

 

Este verso, aunque la primera idea quizás sea relacionarlo con eso de poner la otra mejilla de las enseñanzas cristianas, la verdad es que poco tiene de pasivo o estoico, éste es un trabajo que hacemos nosotros hacia nosotros también: nuestro enfado, nuestra mezquindad, nuestra maldad: reconocerlas como confusiones, como miedos, disolverlas en el amor y la generosidad.

 

La meditación y el trabajo del primer poder oponente, el arrepentimiento, nos facilita llegar al trabajo del segundo poder oponente: la conciliación. Y fíjate que es una conciliación primero con nosotros mismos. Tomar la responsabilidad de nuestra confusión, nuestro miedo, nuestro apego y nuestra incapacidad de ver más allá de nuestros juicios y creencias.

Ahora a lo mejor piensas ¿cómo puedo dejar de enfadarme con alguien que me ha hecho daño? ¿cómo puedo desarrollar generosidad conmigo mismo? Son preguntas muy válidas, yo también me las he hecho y aún a veces sigo lanzando mi rabia hacia situaciones y personas creyendo que ellos tienen la culpa de cómo me siento o me enfado conmigo misma por no ser/hacer mejor en esto o aquello.

Las acciones realizadas por otros, las circunstancias de las situaciones en las que nos manejamos, la incapacidad que tenemos de perdonar y perdonarnos; todo está cargado de causas previas, de miedos, de prejuicios y de mucha confusión mental. Sin observación, responsabilidad y paciencia nos perdemos seguro.

 

Míralo así: todos de algún modo buscamos ser felices.

Tener la capacidad de escuchar ese grito de auxilio, esa llamada a la aceptación, esa necesidad de sentirnos seguros y verlo por lo que es: miedo a no ser suficiente, miedo a no ser aceptado, apego a las comodidades, aversión al dolor... si reflexionas sobre ello te darás cuenta de que todos estamos ahí, en el mismo viaje.

Si cuando sentimos que empezamos a desarrollar emociones no virtuosas_ emociones que causan separación, que alimentan el juicio y que nublan la mente, que nos llevan al enfado, al ogullo, etc._ somos capaces de tomar la responsabilidad de la que trata el primer poder oponente, este siguiente poder es de muy fácil aplicación. Resulta obvio que la paciencia, el amor, la compasión y el amor son la única respuesta.

 

Ahora bien, ¿significa eso que debemos condonar las acciones no virtuosas de otros? ¿que debemos ”tragar” con que nos hagan daño? ¿que debemos permitir que nos maltraten? Obviamente no. Pero desde una actitud de comprensión, de saber que no tenemos ni idea de lo que le ocurre a esa persona y que está buscando liberarse de algún sufrimiento igual que nosotros, podemos desarrollar compasión y alejarnos, si es necesario, sin drama ni confusión añadida.

Y también (y sobretodo) hacia nosotros mismos. Si después del arrepentimiento pasamos a reconciliarnos con nosotros mismos desde las mismas premisas, podemos desarrollar la paciencia, el amor y la compasión en nosotros y hacia nosotros de manera que los próximos pasos sean más atentos y sin culpa.

Arrepentimiento en lugar de culpa para poder ver dónde realmente tenemos la responsabilidad de actuar.

• Conciliación con el objeto en cuestión a través del amor, la paciencia y la comprensión de nuestra ignoracia.

Estos son los dos primeros poderes oponentes de esta práctica de purificación. Al igual que la semana pasada te animo a que visites tu centro budista más cercano si quieres profundizar en esta práctica. Yo no estoy capacitada para ejercer de maestra y sólo dispongo de mi aprendizaje y mi experiencia.

Te invito, como siempre, a que realices el análisis y te pongas manos a la obra, todo lo que digo queda en saco roto y no vale para nada si no eres tú el que lo experiencia a tu manera y en primera persona.